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jueves, 27 de diciembre de 2012

"Pastel de cables"



Las diez y media de la mañana. El maldito despertador ha vuelto a ponerse en huelga. Ese horrible sonido que se adentra en unos oídos dormidos y espectantes de cualquier ruído que alerte al cerebro para despertarse no ha llegado a su hora. Me levanto a todo tren, me doy una ducha express mientras desayuno aun más rápido todavía. Abro la nevera y cojo el cartón de leche. ¡Mierda!... Al echar la leche la mitad se cae al suelo. Bien Nico bien. Parece que hoy te has levantado con el pie torcido. O quizás debería decir con el pie roto. Salgo de casa y al cerrar la puerta una imagen viene a mi cabeza. La imagen del llavero con mis llaves colgadas en él. Luego tendré que llamar a un cerrajero o a mi hermano Tommy para que me abran la puerta. Me echo a correr escaleras abajo en dirección a la autoescuela. Mi primera práctica con el coche y llegaré tarde. El profesor que me ha tocado se llama Pascal. Un tipo raro sin duda. Su pestañeo lento y jodidamente simétrico hace que un escalofrío se restriegue contra mi espalda generando un temblor asqueroso.

Cuando llego a la autoescuela el profesor me está esperando fuera.

-Hola soy Nico, tengo prácticas con usted ahora mismo... bueno hace 10 minutos.-

-Llegas tarde. ¿Por qué llegas tarde?. Habíamos quedado a las once en punto.-

-Fue el maldito despertador...-

-Estaba bromeando. No pasa nada. Vayamos al coche y comencemos con la práctica-

Su tono pausado y su horrible parpadeo no hacen que me sienta más cómodo a su lado y el hecho de que pusiera una mano sobre mi espalda menos todavía. Caminamos hacia el coche y me llevo una gran sorpresa. Un Seat Panda. ¿En serio?, ¿aun existen?.

Al subirme el asiento se me clava. Más que un asiento parece una mesa de acupuntura. Cada muelle clavándose en mi espalda intentando crear un punto de relajación casi imposible con el señor Pascal parpadeando con esa mirada extraña y robótica.

Comenzamos con la práctica. Pongo el coche en marcha y consigo incorporarme a la circulación después de calar el coche un par de veces. Todo iba bien. Mis nervios se habían ido y el señor Pascal resultaba ser cada vez más agradable. De repente, en una recta completamente vacía de coches el Seat Panda comenzó a acelerarse. Cada vez más y más rápido. El señor Pascal empezó a ponerse nervioso y a ponerme nervioso a mi. Sin saber muy bien como el señor Pascal dijo una palabra de tantas que salían por su boca, “Memo”.

Se hizo un flash y la carretera por la que íbamos había desaparecido. Habíamos cambiado de lugar y parece que de época. El coche dio un salto con un bache del camino y volcamos. Mi cerebro se bloqueó al ver lo que apreciaron mis ojos después del flash. Estábamos en un valle inmenso y al fondo una manada de dinosaurios enormes. Dinosaurios de esos que son como jirafas.

Tras el accidente perdí el conocimiento un breve periodo de tiempo. Cuando empecé a despertarme vi al profesor Pascal enganchado por el cinto con la cabeza gacha. Al parecer estaba inconsciente o quizás estaba muerto.

-Iniciando el sistema coplix-

-Pascal, ¿está bien?-

-Analizando posibles errores en el cuerpo biomecánico. Esto puede tardar unos minutos.-

-Profesor Pascal. ¿Qué coño esta diciendo?-

-Oh, ¡estás vivo!. ¡Mi querido, Nico estás vivo!. Tan azucarado y cremoso como siempre.-

Vale. Este tío a perdido la cabeza. Estoy en a saber donde, dentro de un Seat Panda con un chalado.

-¡Ven a mí mi querida tarta!. Parece que estás herido. Te está saliendo sirope de fresa por la frente.-

¿Qué?, mierda tengo una brecha en la cabeza.

-¡¡Tu mano... Debajo de la piel tienes cables y metal!!-

-Es una “DL263TY54”. Extremidad de un RHHB de tipo 3-

-¡¿Lo qué?!-

Salí del coche tan rápido como pude. Aquello era una locura. El salió tras de mí con una agilidad increíble.

-He sido programado para protegerte y para darte amor. Mi querida tarta.-

-¡Que no soy una tarta, soy humano!-

De repente algo capto nuestra atención. Lo que parecía un cromañón o algo de las cavernas comenzó a darle palazos al robot profesor de autoescuela llamado Pascal. Sin mediar palabra se giró, lo cogió por la cabeza y la comprimió con sus manos. La cabeza de aquel ser había explotado como si fuera un melón. Los restos quedaron en sus manos y le salpicaron. No pude hacer otra cosa que gritar. Aquello era repulsivo. Se giró hacia mí y me dijo que me tranquilizara. Una tarta no debía estresarse o sabría amarga pero el no permitiría que nadie probara esa tarta, ya que... era su mejor amigo.

Me eché a correr intentando escapar pero él me perseguía y me llamaba amigo. De pronto una humana se apereció ante mí. Desnuda con un maravilloso cuerpo que hizo que me detuviera. Se me fue de la cabeza todo pensamiento. Solo podía admirar su cuerpo desnudo. La extraña mujer me miró y se echó a correr hacia Pascal. Se subió encima del y se besaron. Aquello era extraño... una mujer impresionante acababa de pasar de mi careto para morrear a un robot psicópata.

-Mi querida tarta mejor amiga mira. Esta es una RHM de tipo 3. Es mi amante y vamos a tener hijos y una casa en el lago-

-¡¡¡Pero... como vas a tener una casa en el lago maldito lunático y como vas a tener hijos si eres un robot!!!

-Querido amigo tarta. No seas memo-

De repente otra vez el flash. Ahora estábamos en una gran ciudad. Llena de gente extraña que se nos quedaba mirando. Habíamos ido a parar a la alemania nazi.

-No puede ser... Ya lo tengo... es la palabra “memo”, cuando la pronuncias haces que viajemos a otras épocas-

-Memo-

Otra vez el flash. Ahora estábamos en una especie de comedor enorme. En la mesa... dios no puede ser... Es Hitler.

La mujer robot desnuda estaba mirando hacia mí con unos ojos extraños y fríos. Pascal se puso a caminar hacia Hitler. Agarró su cabeza con sus manos y volvió a aplastar otra cabeza. Los demás asistentes en aquel comedor empezaron a chillar.

-Memo-

Otra vez el flash. Ahora estábamos en lo que parece un circo romano. Yo en la arena y Pascal en el palco de pie. Junto a él estaba la robot desnuda. A mi alrededor habían cinco gladiadores esperando la decisión de Pascal para matarme o dejarme vivir. El público rugía “muerte” al unisono. Pascal me miró y alzó su dedo proclamando mi vida. Los gladiadores y el público se enfurecieron. Él saltó del palco y comenzó a aplastar las cabezas de los gladiadores uno a uno y una vez más volvió a repetir, “memo”.

Ahora solo estábamos los dos. La robot había desaparecido. Estábamos otra vez de vuelta en el Seat Panda, en la carretera inicial. En mi práctica de autoescuela. Pascal me miró y se rió. Yo le pregunte que había sido de la mujer robot y el me dijo que la robot estaba en el asiento trasero. Cuando miré por el espejo retrovisor allí estaba. Su rostro. Su mirada fría me estaba mirando junto a sus tetas desnudas. Del susto perdí el control del coche y tuvimos un accidente. Pude sentir como algo me atravesaba. En las vueltas de campana un brazo de la mujer robot desnuda entro por mi espalda y salió por mi pecho. La oscuridad tardo poco en venir a mí.
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Pastel de cables by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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