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sábado, 9 de febrero de 2013

Un día tonto



1

-Vete mi amor- Susurraba Jim mientras le caían un par de lágrimas por los ojos. Unos ojos irritados por la pena y el dolor de decir adiós a lo que más ama en vida -Vete mi amor... Déjame y no mires atrás. Salva tu vida y se feliz. Yo lo seré si tú lo eres.-

-No, no, no...- Gimió Alicia. Con un nudo en la garganta tan grande que su negación sonó desgarrada, como si le arrancaran un trozo de alma en cada palabra. Dos mares corrían por sus mejillas. Sus ojos azules se unieron al rojo irritado más espantoso que se pueda imaginar. -No pienso dejarte aquí tirado. Morirás si te dejo.-

-Ya es tarde para mí. No puedes hacer nada, salvo marcharte y salvarte. Hazlo por mí cariño.-

-No me voy a ir Jim, no pienso dejarte-

-Entra en razón, si nos quedamos los dos, nos moriremos de frío. Tú no puedes cargar conmigo y estoy perdiendo demasiada sangre por la pierna. El torniquete no hará que pare. Se puede ralentizar pero esto no parará. Seguro que se seccionó parte de la arteria femoral. Ha sido una caída muy fea cariño.-

-Bajaré hasta el refugio. Llamaré a emergencias y volveré a por ti. Iré lo más rápido que pueda pero te prometo que te sacaré de esta apestosa montaña. Nos iremos a casa, te recuperarás y viviremos una vida juntos.-

-Claro que sí mi vida... Lo conseguiremos, yo sé que lo conseguiremos... Confío en ti y se que irás rápida pero cautelosa y que volverás a por mí en menos que canta un gallo. Ve, yo te esperaré aquí.- Jim sonrió atestiguando a sus palabras pero sus ojos parecían decir otra cosa. Un frío silencioso en su mirada sonó como un adiós. Un adiós que la joven Alicia no pudo ver o no quiso creer.

-Vuelvo ahora. Toma mi chaqueta. Iré más rápida sin ella.-

-No, no. Debes llevarla. La temperatura es muy baja y si no vas bien abrigada podrías congelarte.-

-Voy a estar en movimiento no tendré frío. ¡No contradigas a tu mujer y ponte esta chaqueta!.-

-Jajajaja, Está bien, me la quedaré. Si hay algo que no me apetece ahora mismo es que me regañes.-

-Lo siento mi amor, dame un beso. Prometo que volveré ya, ¿vale?-

-De acuerdo. Aquí te espero mi vida. Vete con cuidado. Te quiero, te quiero, te quiero, muuak.-


2

Tengo que llegar. Puedo llegar. Mi novio está atrapado en lo alto de esta maldita montaña. Maldigo la hora en que le dije que sí. Que quería vivir una aventura con él. Nos dejamos llevar por la tontería. No debimos bajar por esa pendiente. El se apoyó mal, resbaló y se cayó. No fue desde una gran altura pero fue una mala caída. Fue golpeando con las rocas hasta caer encima de un árbol muerto. Para mala suerte una de las ramas se le clavó en la pierna. Bajé lo más rápido que pude pero la nieve, ya estaba llena de sangre. Me quité la bufanda y se la puse en la pierna haciendo un torniquete. Eso no arreglará el daño pero me dará tiempo para bajar a por ayuda. El refugio está a unos cinco kilómetros. Desde allí podemos llamar a los servicios de emergencia para que lo rescaten y le ayuden. Sé que lo conseguiré. No puedo perderlo. Si lo pierdo se acabará todo para mí.


3

Hace ya más de una hora que Alicia se marchó. No siento las piernas. Los brazos me pesan. Comienzo a dejar de sentir el frío. Maldito el día que le propuse vivir una aventura. Le propuse subir al Monte Blanco por la cara fácil y descender por la cara más difícil. La rocosa empinada. Si no hubiéramos venido ahora estaríamos en nuestra casa. Viendo alguna película tirados en el sofá con un gran ball de palomitas o tomando un chocolate caliente los dos juntos. En vez de eso estamos aquí. Separados... Ella bajando a por ayuda y yo desangrándome y muriéndome poco a poco en una tortura agónica.

La quiero con locura, recuerdo la primera vez que nos vimos. Fue un flechazo a primera vista, por lo menos para mí lo fue. Siempre tenemos esa discusión. Ella dice que no, que ni siquiera se había fijado en mí, que estaba mirando al tipo de detrás. Yo recuerdo esos momentos como si pasaran ahora mismo. Estábamos en una cafetería. Casualmente los dos íbamos a esa cafetería todos los días en el descanso del trabajo para tomar un café. Teníamos trabajos distintos. Ella trabajaba en una tienda de ropa y yo trabajaba para una aseguradora. Yo me sentaba siempre en la misma mesa y pedía lo mismo de siempre. Un café con leche grande y un croissant a la plancha. Ella siempre llegaba cinco minutos después y se sentaba en la barra. El primer día que nos vimos, nuestras miradas se cruzaron mientras yo bebía un trago del café y ella se dirigía de la entrada a la barra. El tiempo se ralentizó y nuestros ojos se quedaron fijos sin pestañear. Aunque solo fue un instante para mí fue una eternidad. Los días fueron pasando y ella siempre hacía lo mismo, entraba, me miraba y se sentaba en la barra, me miraba varias veces y se iba mirándome otra vez. Un día me cambié de sitio. Sabía que si le interesaba me iba a buscar. ¿Qué hizo ella?, entró, miró hacia donde mira siempre y se sentó en la barra. En ese preciso momento dije “a la mierda” pero justo en ese momento mientras parecía rebuscar algo en el bolso me miró, se quedo mirándome y me sonrió. La clave, la señal. El momento de acercarse y decirle algo. Asumo mi culpa, no dije lo más apropiado. Terminé mi café, me fui a la barra, a su lado y le salude. Ella me sonrió y me devolvió el saludo. Le dije así, sin más que me encantaba, que llevaba tiempo observándola y que me encantaría conocerla. Pasar tiempo juntos y vivir algo los dos. Ella me miró con cara rara y me dijo si era un acosador o un violador. Me quedé pálido, me esperaba cualquier contestación menos esa. Ella se rió y me dijo que era broma. Que también se había fijado en mí y que estaría encantada. Seguimos hablando y decidimos quedar. Así, día tras día hasta llegar al día de hoy. El día más tonto y más absurdo. El día en el que nada de esto debería pasar pero estaba pasando. Lo único que pienso ahora es en las veces que discutimos. Mayormente la mayoría de las veces y sobretodo en las veces que me quedé callado y que no le dije un “te quiero”. Las lágrimas comenzaron a derramarse por mis mejillas. Mi final estaba cerca y nada lo podría evitar. Por mucho que corriera Alicia, nunca llegaría a tiempo. Lo único que espero es que no le pase nada a ella.

Mis párpados me empezaron a pesar. Cada vez más. El frío se estaba marchando. Me pareció escuchar un ruido. Como de helicóptero. No, no puede ser.

-Alicia- Susurro Jim.

Pude sentir fuego en mis meillas. Todo se estaba fundiendo a negro. No puede ser. Es mi final. Jamás volveré a ver a mi niña, a mi amor, a mi vida.

-Te quiero mi...- El susurro final de Jim se corto sin pronunciar el final.

4

Estoy corriendo a una velocidad de vértigo. Muchas veces me habían dicho que cuando estás en peligro o en situaciones en las que te va la vida en ello. El cuerpo siempre tiene algo que hace que vayas más rápido, que seas más ágil y que seas más fuerte. Ahora mismo lo estoy comprobando.

No soy una chica muy fuerte ni nada por el estilo. Todo lo contrario. Soy de estatura normal y de peso escaso tirando a delgado. Cada vez me queda menos. Espera un poco mi vida, en nada estaré a tu lado y te daré un millón de besos. Espérame y pronto estaremos en casa tirados en algún lugar haciendo cualquier cosa donde lo único que me importe sea estar a tu lado. Recuerdo la primera vez que lo vi. Estaba en aquella cafetería bebiendo un café, Sus ojos inocentes y sin apenas maldad se clavaron en los mios. Moreno de ojos claros, tan claros como el cristal. Sentí un golpe en el corazón como si algo acabara de atravesarlo. Se que suena ñoño y de pasteleo pero así fue. A el le digo que no que no me había fijado en el que miraba al chico que había detrás pero eso solo lo hago por hacerle rabiar. La verdad es que me quedé prendada de él desde ese momento. Estaba en el trabajo deseando que fuera la hora del descanso para ir corriendo a la cafetería a verle. Todos los días esperaba que él se levantara y viniera a mí pero no lo daba hecho. Siempre fue poco decidido para esas cosas. Siempre analizándolo todo y viendo si sí o si no. Por fin un día se decidió y vino hasta la barra. Me dijo que quería pasar más tiempo conmigo y que quería conocerme. Por un momento pensé que era como los demás chicos. Vienen, te venden un prototipo ideal, consiguen lo que buscan y se van. En él solo dudé un momento hasta que clavó sus ojos en mí y pude ver su interior. Un interior claro y transparente. Se que soy un poco mala y que peco de ello pero sentí la necesidad de decirle algo que le descuadrara. Así fue, se quedo mudo. Su cara se empezó a poner blanca por un momento pensé que se iba a morir allí mismo así que corregí mi contestación y le dije que me encantaría. Tengo que decir que fue precioso. Fue lo mejor que pude hacer en toda la vida. Conocerle fue lo más maravilloso. De niña leía muchas historias de príncipes y hacía mis propias historias cuando jugaba con las barbies pero el rompió todos los guiones, todos los cuentos infantiles y creo los suyos propios. Esta vez eramos nosotros los protagonistas y no hizo más que hacerme sentir como una princesa. La princesa del cuento más bonito que jamás se ha contado. Infinitos detalles, infinito cariño, infinito amor es lo que me da. Ahora que sé que se está quedando sin vida, un puño agarra mi corazón. Contrayéndolo hasta convertirlo en un garbanzo minúsculo y sin apenas movimiento. Le quiero, le amo y lo necesito. Si pudiera dar mi vida por él la daría en este mismo instante.

Por fin llego al refugio. Al entrar le explico al guardia mi situación y rápidamente llama al helicóptero de emergencias. En cinco minutos llega hasta nosotros me recoge y nos vamos hacia donde está Jim, mi amor. Cuando llegamos el helicóptero desciende. Me echo a correr hacia él gritando su nombre.

-¡JIIIIIIIIIMMMMMMMM!-

Como una loca llego hasta él con los ojos llenos de agua, me tiro de rodillas al suelo y puedo ver que su vida se apaga. Está frío y congelado apenas sin calor. De pronto sus labios susurran algo.

-Te quiero mi…-

No,no, no ,no, mi amor no. Golpeo su cara sin obtener respuesta. Llegan los médicos y comienzan a moverlo hacia una camilla. En menos de diez segundos lo tienen agarrado con una manta y en camino hacia el helicóptero. Un enfermero me agarra y me dice que nos tenemos que ir, que no hay tiempo. Nos vamos hacia el hospital más cercano. En el helicóptero los médicos no dan muchas esperanzas. Yo grito como una loca su nombre.

-¡JIIIIIIIIMMMMMMM!-

Se va, se va,. Mi amor se va y no puedo hacer nada. La impotencia se apodera de mí. Quiero agarrarlo besarlo, decirle que le quiero y no puedo. No serviría de nada. Se va, se va, mi amor se va.

Los médicos comienzan a practicarle la reanimación. Su corazón se ha parado. Mi cuerpo se muere en ese preciso momento. Mi fuerza se va y me derrumbo en llanto. Un llanto que ni siquiera se pronuncia ni sale. Un dolor interno. Mi corazón se rompe, se tritura, se destruye. Mi vida se escapa junto a la suya. El médico me mira y me dice que no hay nada que hacer. No, no, no.

-No me dejes Jim... te lo suplico, no me dejes...-

Me tiro encima del y beso sus labios. Mis lágrimas caen en su cara. Sus labios están fríos, inertes, muertos. Pasan el frío a los mios. Mis manos se posan en sus mejillas mientras mis labios parecen dar el beso más largo y más doloroso de todos los besos que se pueden dar en esta vida.


5

Allí estaban, en aquel helicóptero de emergencias cerca del hospital, Jim y Alicia. Tirados en el suelo, él en una camilla y ella de rodillas, besando a su novio que yacía en el suelo muerto. De pronto el pie derecho de Jim da una sacudida. El médico se alertó y apartó a la chica. Jim había regresado de la muerte o lo que el médico consiguió explicar fue que había permanecido en un estado cercano a la muerte. Su corazón se ralentizo hasta el punto de parecer que no latía pero si lo hacia a un ritmo muy lento y apenas perceptible. Para Jim y Alicia fue amor. Un amor tan fuerte que sería incapaz de separarles hasta que hubieran vivido una vida juntos. Cuando llegaron al hospital, Jim fue trasladado de urgencia al quirófano. Allí fue atendido por los mejores especialistas del hospital. A las pocas semanas le concedieron el alta y se fueron a su casa.

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Un día tonto por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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