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viernes, 5 de julio de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x06 "Besos bajo cero"


LA LLAMA DE HIELO

6.- “Besos bajo cero”

«Cuando todo se acaba y lo único que te queda es seguir dando pasos, las prioridades se convierten en terapias de choque frente a los acontecimientos.»

Nuestros pies fueron dando pasos uno tras otro a buen ritmo. Nuestros cuerpos no consiguen generar una temperatura óptima para aguantar este maldito frío. Desconocemos a cuantos grados estamos pero la sensación es de más frío que cuando entramos en el bunker. La ría está completamente congelada, se podría ir a Cangas y a Moaña sobre el hielo, lo mismo que a las islas Cíes. Recuerdo cuando íbamos a la Cíes a pasar un día, cogíamos el barco temprano, seguido de un paseo por la ría a buena velociad hasta llegar y luego recorrer las islas de punta a punta. Finalmente descansar en alguna de las playas y esperar la hora de vuelta a Vigo. La playa de Rodas, un auténtico paraíso que ahora estará congelado.

Pasamos por la librería Mendiño y puedo ver mis libros en el escaparate, al lado de Ken Follet... Odio a Ken Follet y todo gracias a mi primer editor, una larga historia. Fue una buena experiencia para saber que es lo que no tenía que hacer en el futuro.

Seguimos caminando y mi cabeza se gira hacia Janet. Con su cabeza medio bajada ocultándose un poco del aire frío. Un aire frío que choca contra nuestros ojos y provoca un dolor en ellos un tanto molesto. De vez en cuando los frotamos con las manos para calentarlos. Necesitamos unas gafas de nieve o algo que nos proteja un poco del aire frío. Sigo mirando para ella y me pregunto en que pensará, no conozco mucho de ella, solo que tiene un hermano infectado por la gripe solar. Tengo miedo por lo que nos podamos encontrar en su casa. No me contó mucho sobre ella, no sé como le fue con sus parejas, tampoco se sus gustos. Es una chica interesante, al contrario que con la mayoría de la gente, desconozco en que piensa, soy incapaz de saberlo, es como si levantara un muro detrás de sus ojos que me impide el paso hacia sus sentimientos y emociones. Cierto que ella me quiere y quiere que esté a su lado pero hay algo en ella que no me acaba de entrar, necesito algo más de ella.

Caminando por la calle Venezuela llegamos al parque que hace cruce con la calle Simón Bolívar. Miro hacia arriba y veo el centro comercial de la plaza elíptica, está congelado. Seguimos caminando sin decirnos nada. El frío cada vez es más y más fuerte. Un auténtico infierno. Necesitamos algo que nos de calor.

-Janet, ¿cómo vas?.

-Con mucho frío, deberíamos subir un poco el ritmo, me estoy congelando.

Sin decirnos nada más comenzamos a trotar. Al poco notamos como vamos generando un poco de calor. Llegamos a gran vía y cruzamos hacia el corte inglés. Los árboles y la vegetación que había por aquí está toda muerta. Ramas y troncos sin hojas. El corte inglés está cerrado completamente, fue de los pocos centros comerciales o supermercados que consiguió aguantar los saqueos. Los demás acabaron completamente destrozados, el hambre fue aumentando con la congelación. Los primeros días desde que se apagó el sol fueron más o menos llevaderos pero según fueron pasando las semanas fue horrible. La gripe solar apareció justo a los dos o tres días de apagarse el sol, la gente infectada apenas duraba tres días, muchos no aguantaban ni uno, por el frío y la enfermedad. Todo fue demasiado rápido, el ejército intentó ayudar a controlar la infección tomando medidas drásticas. Separando a los infectados y llevándose a los muertos pero nada se pudo hacer, se propago muy rápido, Nosotros por alguna extraña razón del destino somos inmunes al virus, nuestro organismo lo mata en el momento que entra en nuestro cuerpo. Nos encerraron en el bunker para nada, a los dos días soltarnos y ahora aquí estamos con todo muerto. Un desierto congelado.

Llegamos a Vía Norte y contemplamos la gran obra arquitectónica moderna de la ciudad. La estación de tren diseñada por el arquitecto Thom Mayne. Fue preciosa en todo su conjunto, ahora mismo está bastante destrozada, algo que alegraría a los gobernantes del norte. Algunos trenes no pudieron frenar y descarrilaron por la congelación hasta estrellarse contra ella. Algunos pilares cedieron y gran parte de la estructura se vino abajo. Llegando a los Cines Norte, contemplamos a una persona acostada en el suelo, parece una mujer. Janet y yo nos miramos, nos acercamos y al tocar el cuerpo era como un bloque de hielo, completamente congelado. De sus ojos salían unas pequeñas estalactitas, posiblemente formadas por lágrimas que salieron de ellos. Era una mujer de unos cuarenta años, rubia y de piel blanca. Janet y yo nos miramos y no nos decimos absolutamente nada, abrumados por la pena, nos levantamos y seguimos nuestro camino. Me gustaría saber cual fue la historia de esta chica, como cada uno de nosotros, tuvo que tener sus vivencias, sus historias, seguro que muy interesantes como todas y cada una de las vidas.

Ya estamos cerca, Puedo sentir como Janet se empieza a poner cada vez más tensa, acelera el ritmo sin darse cuenta. Algo que viene bien por que el frío vuelve a atacarnos de nuevo. Llegamos a la iglesia de Fátima y bajamos por la calle Pino.

-¿En qué número vives?.

-En el 112, en el 2º A.

Sin decirnos nada más llegamos al 112. La puerta está cerrada, sin pensármelo dos veces, echo el peso de mi cuerpo con fuerza contra el portal. La puerta se abre rompiendo la cerradura. Janet se echa a correr hacia arriba por las escaleras mirándome al pasar por delante mía, aunque no vi su cara sé que en ella se dibujó una pequeña sonrisa, lo cual me hace que sonría yo también por un breve espacio de tiempo. La sigo subiendo las escaleras hasta llegar al segundo. Hace menos frío que en el exterior por que no hay aire pero sigue haciendo muchísimo frío. Janet golpea la puerta y llama a su hermano.

-¡¡Marcos abre la puerta!!.

No se escucha nada en el interior, ni pasos, ni voces. Empiezo a temerme lo peor.

-Janet, déjame, abriré la puerta de una patada. Quédate fuera mejor y entro a ver si está.

-Olvídate, entro contigo.

En otras circunstancias igual rebatiría eso pero es su hermano, si esta muerto tiene que verlo. Con fueza golpeo la puerta de una patada. Puedo sentir como un latigazo recorre todo mi cuerpo. La puerta apenas se ha inmutado. Cabreado golpeo la puerta varias veces con mi hombro hasta que el marco de la puerta y la cerradura se rompen. Ahora entiendo por que no se abrió, estaba cerrada desde dentro con un pasador reforzado. Por suerte no era una puerta blindada. Janet me echa a un lado y se mete dentro de la casa corriendo mientras llama a su hermano. Al entrar justo enfrente está el salón y a la derecha un pasillo que lleva a la cocina y a tres habitaciones. Janet va a la del fondo. Al llegar puedo escuchar sus lamentos. Camino hacia ella apresurado y veo lo que me temía. Su hermano yace muerto en su cama congelado. De la nariz, boca, ojos y oídos salió sangre que también estaba congelada. Al lado de la cama tenía una pequeña hoguera que se apagó por el frío. Janete abrazada a su hermano llora desconsolada, me acerco a ella y la separo de su hermano muerto, le doy un abrazo y puedo sentir como la fuerza de sus piernas le falla. Completamente destrozada, sola, sin nadie que se preocupe por ella. Solo yo estoy a su lado ahora mismo. En ese momento yo siento pena y las lágrimas comienzan a saltar de mis ojos al pensar que yo puedo estar en la misma situación. Mis hermanos y mis padres también estaban infectados por el virus. Tengo que ir a verlos, tengo que ir hasta allí sea como sea pero no puedo dejarla aquí sola, se moriría.

-Janet, tenemos que irnos.

-No, no, yo no me voy, el está aquí...

La voz quebrada de Janet hizo que se me clavara en lo más profundo de mi corazón, quería abrazarla más fuerte de lo que lo hacia. Mis labios besaron su frente mientras las lágrimas caían por mi cara.

-¿Qué quieres hacer con él?.

-El quería que lo incineraran...

-Pues cumplamos su voluntad, aquí no podemos quedarnos o nos congelaremos, ¿tienes alcohol?.

-Sí, en el baño y en el salón en el mueble bar hay bebidas alcohólicas.

En ese momento se me ocurre una idea. Podemos hacernos unas antorchas, eso hará que nos de un poco de calor para caminar por la calle. Dejo a Janet en la habitación con el hermano y me voy a las otras habitaciones. En la primera hay de todo, es como si la usaran de almacén, con cajas y varios armarios. Abro las puertas, los cajones de los armarios y no encuentro nada útil. Podría usar madera del armario pero sería incómodo. Al mover las cajas descubro lo que esperaba encontrar sin saber que era lo que buscaba, dos bates de baseball. Perfecto. Cojo dos toallas del baño e intento atarlas a los bates de tal forma que no se caigan. En el baño hay tres botellas pequeñas de alcohol de heridas, perfecto. En el salón hay alcohol de todo tipo. Cuatro botellas de VAT 69, dos de Beefeater, una de anís, dos de vermut, una de vino dulce, cuatro de licor café y tres de aguardiente de hierbas. Algunas de estas nos las llevaremos para dar calor al cuerpo, además nos van a venir bien para llevar estos duros momentos. Vuelvo a la habitación del hermano donde está Janet y cojo una mochila grande de acampada. Meto las botellas en la mochila, también meto algunas galletas que hay en la cocina y chocolates.

Janet cubrió a su hermano con las mantas, comenzamos a echarle por encima las botellas de alcohol de heridas y las de beber. Salvando las de licor café, aguardiente de hierbas y VAT 69. Las otras las echamos todas, también empapamos las que serán nuestras antorchas. En la mesilla del hermano hay un mechero con Marilyn Monroe impresa en él. Enciendo mi antorcha, con mi antorcha enciendo la de Janet y Janet enciende a su hermano. Nuestros ojos se cierran y respiramos profundamente al sentir el calor. Tras un momento de despedida y un par de tragos de licor café, nos vamos del piso de Janet, camino de mi casa.

Al salir a la calle la luz si ya era poca, ahora menos. Se está haciendo de noche y la temperatura ha bajado más. Miro mi reloj pero está apagado, se ha muerto también por el frío. Las antorchas nos dan algo de calor pero no suficiente el frío se está haciendo insufrible. Llegamos hasta el ayuntamiento y para mi desgracia ya es de noche. Aunque hemos venido trotando cada vez más deprisa, el frío y la oscuridad son un gran enemigo cuando se alían. Estamos agotados y lo más sensato es volver al bunker, allí tenemos una temperatura más agradable y por lo menos, podremos vivir para aguantar un día más. Mañana tan pronto amanezca me iré yo solo hasta mi casa.

-Janet, es mejor que nos metamos en el bunker, allí estaremos a buena temperatura.

-Pero, tenemos que ir a tu casa a ver a tu familia.

-No podemos llegar hasta allí Janet, es imposible, nos congelaríamos como la chica que vimos en Vía Norte.

-Lo siento Alberto.

-No te preocupes, iré mañana tan pronto amanezca.

-Iré contigo, no te voy a dejar solo en esto.

-No, tú descansa, es lo mejor.

-Pienso ir contigo, te pongas como te pongas.

Los dos nos miramos y no decimos nada más, su mirada dejó claro que no iba a cambiar de opinión y yo no quería, ni me apetecía rebatir su decisión. Entramos en el ayuntamiento y caminamos hacia el ascensor. Nos metemos dentro y bajamos hasta el bunker. Al llegar abajo caminamos hacia la gran sala central. Allí están para mi sorpresa, Alex, Raquel, el pequeño Daniel, los cuatro señores mayores y el loco de la puerta secreta.

-Pero que ven mis ojos, si son Alberto y Janet.-Dijo Antonio al verlos entrar.

-Hola a todos-Dijo Alberto saludando.

-Nos volvemos a encontrar, amigo.

Me dijo Alex mientras me daba un abrazo, su rostro estaba con cierto toque de preocupación. Raquel hizo lo mismo con Janet y se puso a hablar con ella. Nos sentamos en las mesas y comenzamos a contar lo que vivimos. Alex, Raquel y Daniel tuvieron que volver por el frío también. Alex me hace una señal y me aparta del grupo para decirme algo.

-Nosotros solo llegamos hasta Plaza América, allí tuvimos que volver corriendo, pensé que no lo contaríamos. Tuve que coger al pequeño Daniel con un brazo y a Raquel de la mano y correr como un loco. El frío no es nuestro único problema Alberto. Hay algo más...

-No entiendo, ¿a qué te refieres?.

-Cuando llegamos a Plaza América, escuchamos rugidos, muchos rugidos, como animales hambrientos llevados a la desesperación. Algo los ha cambiado...

El miedo a lo desconocido hizo que mi corazón empezara a latir más y más fuerte, ¿qué les había pasado?, el rostro de Alex, estaba desencajado y marcaba un cierto miedo en él. Es un tipo duro que combatió en el ejercito, tuvo que ser algo realmente espeluznante para que le afectará de este modo.

-¿A qué te refieres con que han cambiado?.

-Les ha salido pelo por el cuerpo, no nos han alcanzado he corrido lo más rápido que pude. Solo los vimos de lejos. Conseguimos llegar aquí a tiempo. Nos hemos encontrado con Javier, Carlos y Alicia mientras escapábamos. Ellos fueron hacia la calle Torrecedeira, nosotros volvimos por Camelias. Les perdí la pista, creo que los bichos fueron detrás de ellos.

-¿Cuánto hace que llegasteis?

-Un par de minutos antes de que llegarais vosotros.

-Tenemos que ir en su busca, tenemos que ayudarles.

-No podemos Alberto, hace demasiado frío y no tenemos visibilidad, seríamos una presa fácil para ellos.

-Vayamos tú y yo, hagamos una revisión rápida por la calle Torrecedeira, está aquí cerca, podemos hacerlo. Tenemos armas para defendernos.

-Son rápidos Alberto, bastante rápidos.

-Nosotros estaremos armados, vamos, seguro que tenemos buen equipo para defendernos.

Alex acepta a duras penas, le contamos a los señores y a Janet lo que les ha pasado. Janet quiere venir con nosotros pero está vez no, iremos nosotros solos, dos personas ya son suficiente riesgo como para ir más. Además ella necesita descansar. Vamos al almacén de armas y seleccionamos lo que vamos a llevar. Los dos nos armamos con todo un poco, dos granadas cada uno, un rifle Kar98 con mira telescópica, una MP40, una Luger y un cuchillo de la SS. Nos cogemos un chaquetón de la SS cada uno, guantes de cuero, gorros de lana y encima dos boinas de los oficiales de las SS. También nos ponemos dobles calcetines gordos y botas militares. A nuestras armas les pegamos con cinta adhesiva dos linternas de gran alcance, así podremos ver algo a oscuras. Ya estamos listos para salir. Nos despedimos de todos y para lo último dejo a Janet.

-Niña, venimos ahora, tú descansa y come algo.

-Ten cuidado, eres lo único que me queda...

Janet no fue capaz de terminar la frase, comenzó a llorar y tuve la necesidad de abrazarle y darle un beso. Le dije que no se preocupara, que nos repondríamos de esto y que todo nos saldrá bien. Ni yo mismo me acabo de creer lo que mis palabras pronuncian. Tenemos un futuro cercano bastante jodido. Alex y yo nos miramos y nos ponemos en marcha.
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La llama de hielo capítulo 1x06"Besos bajo cero" por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

1 comentario:

  1. Me resulta muy bien la narración, amigo. Muy amena y fluida.

    Abrazos

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