Lista

"Elegir contenido para leer"

jueves, 8 de agosto de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x10 "Sacad a vuestros muertos"

LA LLAMA DE HIELO


10.- “Sacad a vuestros muertos”


«Las sospechas no son más que evidencias de una verdad encubierta.»


Cuando llegamos al bunker me acerco al tipo loco y le enseño el libro. Su rostro está completamente desfigurado. Sus ojeras son tan grandes que parece un oso panda, sus ojos hinchados y rojos parece que se le van a escapar en cualquier momento. Su olor corporal... bueno, supongo que también puedo decir que huele a oso panda. Rápidamente coge el libro y se sienta a ojearlo, farfullando en lenguaje extraño, no entiendo absolutamente nada de lo que dice.

-Colega, si descubres algo avísame ¿ok?.

Su cabeza se levanta para clavarme esos ojos a punto de salir volando y me asiente con la cabeza. No me lo puedo creer he conseguido comunicarme con él.

-Alberto, ¿puedo hablar contigo un momento?.

-Claro, Carlos, dime.

-No, aquí no... ven a mi habitación por favor.

-Está bien.

La cara de Carlos denota cierta preocupación y algo de inquietud, desconozco que me querrá decir la verdad. Al entrar en su habitación descubro algo que no me esperaba para nada. Están Manuel, Antonio, Alicia, Carlos y ahora yo. Alicia está sentada en la cama, Manuel y Antonio están de pie junto al armario. Carlos entra y me dice que pase. Seguidamente cierra la puerta.

-¿Qué pasa?, ¿por qué estáis aquí?.

-Algo va mal con Alex, Alberto. Dijo Carlos.

-No nos fiamos del, le hemos visto salir del bunker solo, sin decir a donde va, ni por qué, incluso de noche, he visto como llegaba tarde de fuera, le pregunté a donde había ido y me dijo que solo había ido a comprobar que todo estaba despejado.- Dijo Alicia.

-Reconozco que hoy y ayer lo he notado raro pero no sé, siempre ha estado a nuestro lado.

-El día que vinisteis a por nosotros, escuché un pitido en su pierna, como de un walkie o algo, le pregunté y me dijo que él no había escuchado nada.-Dijo Carlos

-¿Estás seguro que era un Walkie?.

-No puedo afirmarlo al cien por cien por que no lo vi pero sonó como eso, sí.

-En el caso de que fuera un walkie, ¿para qué?, es decir, no hay nadie vivo con quien hablar...

-No lo sé, ¿y si está en contacto con Juan y los otros?.

-Pero no tiene sentido, Alex nos apoyó siempre, y siempre estuvo a nuestro lado en todo momento. Cierto que pudo coger walkies del almacén pero no sé.

-Tenemos que centrarnos en él y vigilarlo de cerca, intentar descubrir que pasa y si nos oculta algo.-Dijo Antonio.

-La verdad que antes se puso muy nervioso cuando le dije que iba a buscar algo que nos pudiera ayudar en el despacho del alcalde, me dijo que no fuera allí, que no había nada. Se puso bastante agresivo la verdad.-Dijo Alberto.

-Por eso, está haciendo cosas raras, yo por lo menos no entiendo nada. Si nos está engañando... es un actor cojonudo eso está claro.-Dijo Alicia.

-Sigamosle de cerca, vigilemos sus movimientos a todo momento e intentemos descubrir que hace.-Dijo Carlos.

-¿Qué hacemos con Raquel y Daniel, están durmiendo en la misma habitación que él?.-Dijo Alberto.

-Creo que no debemos decirles nada aún, no creo que corran peligro, él los protege y es bastante cariñoso con los dos.-Dijo Antonio.

-A mi me confeso que estaba sintiendo mucho por ella y por el pequeño, o es todo obra de un gran plan o no sé, es que es tan raro... que no tiene ni piés ni cabeza.-Dijo Alberto.

-Mantengámonos cerca, ahora vamos a sacar los cuerpos de los muertos de aquí dentro, antes de que empiecen a pudrirse y apesten esto.-Dijo Manuel.

Al salir de la habitación veo a Alex hablando con Janet, justo enfrente mía. Su mirada se centra en mí, se queda fija, intimidante, con esa mirada extraña, desconfiada igual que un animal que empieza a sentirse acorralado. Janet se va a hablar con Raquel y Alex viene hacia mí sin pensárselo ni un segundo.

-¿Encontraste algo en el despacho del alcalde?.

-Pues no lo sé aún, solo vimos ese libro que está echándole un ojo el loco, nada más.

-Creo que te dije que no fueras al despacho del alcalde, ya te dije que no había nada.

-Bueno pero yo quería ir.

-Pero no ibas a encontrar nada, ya te dije que había ido yo.

-Ahora que lo dices, estaba todo tirado por el suelo. ¿Buscabas algo en concreto?.

-Claro, estaba buscando algo que nos diera alguna información de lo que ha pasado.

-Ya, pero, era como si estuvieras buscando algo concreto ¿no?, es decir, cuando buscas algo que te pueda interesar, pues ojeas, miras aquí y allá pero no tiras cajones al suelo y revuelves todo, no sé...

-¿Estás dudando de mi palabra?.

-No, pero me parece extraño y esa insistencia en que no subiera, es como si quisieras ocultar algo.

-¿Qué podría ocultar?, solo te estoy diciendo que ya fui yo y no vi nada, para que perder el tiempo otra vez allí.

-Pero no me puedes decir lo que tengo y lo que no tengo que hacer. Además ¿perder el tiempo?, creo que eso es algo estúpido en este momento, ¿no?, tiempo es lo que nos sobra ahora mismo.

-Quizás me excedí en mi forma de decirte que no había nada, si es así, lo siento.

-Ok, da igual, pongámonos a quitar los cadáveres, ahora mismo eso es lo prioritario. Llevan mucho tiempo ahí.

-Está bien, hagámoslo.

No me fio de Alex y ahora menos, no entiendo a que vino lo de antes y no entiendo a que viene lo de ahora, o no nos conocemos suficiente y este tío tiene estos cambios de humor y este carácter tan raro o nos está ocultando algo. Algo que no tengo ni idea de que puede ser. No le pienso decir que tengo los trozos de papel que había en la papelera, si realmente nos oculta algo, quizás esté ahí, no puedo arriesgarme a que los destruya.

Caminamos hacia el almacén donde están los cadáveres, joder es asqueroso, están congelados. Fríos y totalmente rígidos por suerte no huelen demasiado mal pero el aspecto de alguno de ellos es horrible. Tras un debate intenso entre Alex, Manuel, Carlos, Antonio y yo, decidimos meterlos a todos en el ascensor y subirlos a la parte alta del ayuntamiento. Los sacaremos a la azotea y los dejaremos allí. Por precaución no los tiraremos abajo ni los enterraremos. No queremos atraer a esos carroñeros infectados, podría ser una trampa mortal para nosotros y es algo a lo que no podemos arriesgarnos. Una vez en la azotea decidimos dejarlos en una de las esquinas.

-Quizás deberíamos quemarlos, ¿no creéis?.-Dijo Carlos.

-Eso estaría bien pero es peligroso, podría atraer a infectados.

-Cierto, además con el frío que hace aquí se quedarán congelados y no se descompondrán. No tenemos nada que temer.-Dijo Antonio.

Uno a uno fuimos amontonando los cuerpos en la esquina de la azotea. Al terminar los cubrimos con algo de nieve, es lo máximo que les podemos ofrecer en estos momentos. Recuperamos el aliento mientras nos quedamos mirando hacia las islas Cíes, algo que antes hacíamos con regularidad todos los vigueses.

-Antes estuve aquí con Janet, ¿Creéis que puede haber alguien vivo en las islas Cíes?.

-No creo tío, si hubiera alguien allí, debería estar muerto. Está en medio de nada sin comida.-Dijo Carlos.

-Me gustaría ir hasta allí y comprobarlo...

-Pero no puedes, no aguantarías ni cinco pasos, demasiada distancia y demasiado frío.-Dijo Alex.

-Igual con unas antorchas o así...-Dijo Antonio.

-Ni así la temperatura es muy baja. No podrías soportarlo, te quedarías congelado en el medio de la ría.-Dijo Alex.

-¿Sobreviviremos a esto?.-Dijo Manuel.

-No lo sé, pero me niego a creer que este será nuestro final... no puede ser... Tenemos que encontrar una solución a esto, tiene que haberla...- Dijo Alberto.

-Tenemos que ir al corte ingles, recargarnos de armas, comida y ropa y pensar en nuevos movimientos. Quizás debamos buscar nuevos supervivientes o limpiar las calles de infectados.-Dijo Carlos.

-Tienes razón, no podemos quedarnos quietos esperando nuestra muerte, tenemos que por lo menos buscar la forma de tener calor y quien sabe, crear un circuito de agua y ¡poder ducharnos!. Intentar cultivar con algún tipo de luz, no sé, no podemos rendirnos, ¡tenemos que luchar!.-Dijo Alberto.

-Tienes razón, podremos con esto.-Dijo Carlos.

Nos miramos, sonreímos casi sin saber porqué y nos vamos para dentro, hacia lo que ya podemos llamar “casa”, “nuestra casa”. Quién nos iba a decir que nos convertiríamos en una familia y que a esta mierda le podríamos llamar nuestro hogar. Cada miembro de la familia con un carácter con una forma de ver las cosas. Queda la duda de Alex, que coño le pasará por la cabeza, no lo sabemos pero espero que pronto lo averigüemos. Al llegar abajo las chicas están sentadas en una de las mesas de la gran sala, charlando y tomándose un café. Me acerco a Janet quien me suelta una sonrisa mientras se gira hacia mí. Instintivamente le doy un beso en los labios y le digo que la quiero. Ella se levanta y me dice que quiere hablar conmigo, que vayamos a la habitación. Manuel dice que empezará a preparar todo para la comida, que no tardemos. La mañana ha pasado volando y el hambre empieza apretar.

Entramos en la habitación, Janet se lanza sobre mí y me besa como si fuera la última vez. Su impulso hace que retroceda lo suficiente como para cerrar la puerta con mi espalda. Tras el golpe seco de la puerta siento como Janet crea una mordaza con sus piernas y con sus brazos alrededor de mi cuerpo, como una serpiente se agarra a su presa para devorarla lentamente. Camino hacia la cama y la tiro en ella. Me acuesto encima de ella y nos embarcamos en un viaje de besos y caricias. Lentamente nos vamos deshaciendo de la ropa que se va alejando de nosotros para dejar nuestros cuerpos completamente desnudos chocando entre si. Janet clava sus uñas en mi espalda lo que hace que le muerda el cuello mientras seguimos envestida tras envestida, cada vez más rápidas y más fuertes. Janet comienza a gritar de placer mientras sus uñas atraviesan mi piel. Acabamos exhaustos, tirados en la cama, empapados, jadeantes, recuperando el aliento tras un desenfreno de puro placer. El frío y cualquier atisbo de realidad han desaparecido por un momento. Me levanto de la cama y me acerco a la mesilla donde está la cartera del alcalde con los trozos de papel dentro.

-¿Crees que habrá algo importante ahí?.

-No lo sé, tenemos que averiguarlo.-Dijo Alberto mientras miraba los trozos de papel.

-Deberíamos esconderlos, es posible que alguien venga a rebuscar y ver si cogimos algo, ya sabes...

-Tienes razón, pero ¿dónde podríamos esconderlo?.

-Quizás en el armario, si pudiéramos hacer un hueco detrás o algo.

-A ver, quizás si empujo el fondo del armario haya un poco de hueco.

Empujo la tabla trasera del armario pero nada, es inútil, no se mueve. Debe estar pegado a la pared.

-En el suelo bajo la madera...

-Buen sitio, debajo de la mesa.

Cojo mi cuchillo y levanto una de las tablas. Perfecto hay bastante hueco entre el suelo y la tarima de madera. Meto la cartera y pongo otra vez el tablón de madera.

-Genial, no se nota absolutamente nada.

-Guay, puff tengo hambre...

-Deberíamos ir a comer, ya deben estar en ello.

Nos vestimos y salimos de la habitación. Los demás habitantes del bunker están preparando todo para comer.

-Creí que no acababais jajajaja, ¡vamos a comer!.-Dijo Manuel con cierto tono cómico.

Janet y yo soltamos una sonrisa idiota mientras nos sentábamos a comer. Las clásicas latas en conserva con pan duro.

-¿Cómo vamos a hacer lo de esta tarde?.-Dijo Carlos.

-¿Ir de compras al corte inglés?, jajaja.- Dijo Alicia.

-Pues yo pienso que lo mejor es que vayamos Alberto, Alex, Carlos, Raquel, Janet y yo. Carlos y yo, vigilaremos la entrada por si viene algún infectado mientras vosotros vais a por el candado para cerrar la puerta. Dijo Manuel.

-Me parece buena idea.-Dijo Alberto.

-Los demás quedaréis protegiendo el bunker y a salvo.- Dijo Manuel.

-Está bien.- Dijo Alicia.


 Todos asentimos a la idea de Manuel, me alegra no tener que ser yo el que tenga que decir lo que hay que hacer. Parecía que me estaba convirtiendo en el líder de este bunker y yo no quiero ser el líder de nadie, quiero que entre todos hagamos lo mejor para el grupo y podamos vivir en paz y con tranquilidad en esta mierda de situación. El resto de la comida la pasamos hablando de cosas entrañables y agradables. Recuerdos que iban viniendo a nuestras cabezas, cosas como ir a la playa, navidades, cada uno fue hablando un poco de su parte de la ciudad, contando anécdotas que nos hicieron reír y pasar un rato bastante agradable. Al acabar nos pusimos en marcha, no hay tiempo que perder, la tarde será larga. Cada uno se fue preparando para la ocasión. Ropa, armas y una pequeña información grupal de como hacer las cosas en caso de que nos ataquen los bichos y nada más. Nos despedimos de los que quedan, nos desean suerte y nos vamos hacia nuestro objetivo, el corte inglés.
Licencia Creative Commons
La llama de hielo, capítulo 1x10 "Sacad a vuestros muertos" por Alberto Leiva Pallares se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada