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domingo, 18 de agosto de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x11 "Bienvenidas que suenan a despedidas"

LA LLAMA DE HIELO



11.-”Bienvenidas que suenan a despedidas”


«Un adiós, una despedida, un silencio vacío de sentimientos que se apodera de nuestro cuerpo, convirtiéndonos en un envoltorio hueco, pisado, esmagado por el más cruel de los acontecimientos»


-¡¡¡¡CORREEEEEEEEER!!!!-Gritó Alberto.

Los tenemos encima aparecieron de la nada, vienen corriendo hacia nosotros, saltan por las ventanas de los edificios, por los tejados. Estamos llegando al cruce de la calle Venezuela con la Gran Vía, unos pocos metros,yo cierro el grupo en la parte trasera. Corremos lo más rápido que podemos. De pronto escucho un grito, echo la vista atrás y veo a Manuel, tirado en el suelo, temblando, con infectados encima. Los demás no se enteran siguen corriendo como alma que lleva el diablo. Me detengo y retrocedo mientras que los demás continúan corriendo, dando la curva, bajando por Gran Via hacia el corte inglés. Disparo a las cabezas de los infectados, que se van cayendo uno a uno, consigo limpiar lo suficiente como para acercarme a Manuel y tener tiempo de ayudarle a levantarse. Cuando llego a él, es imposible, está temblando, sus tripas están por fuera, el chaquetón y la ropa desgarrados en un baño de sangre mezclado con tejidos. Está muriéndose, puedo ver como de sus ojos caen un par de lágrimas, Su mirada desprende miedo y pena, una pena que me rompe el corazón, me agacho rápidamente al ver que me quiere decir algo. Lamentablemente es inútil, justo cuando iba a decir sus últimas palabras un repentino vómito de sangre sale de su boca, manchando toda mi ropa como si su boca se hubiera convertido en un aspersor de esos que riegan los campos cuando empieza a hacer calor. Entre temblores lleva su mano derecha hacia el cañón de mi Luger y la intenta llevar hacia su cabeza. Cierro los ojos por un momento asimilando lo que me acaba de pedir, sin tiempo a pensar, los infectados vuelven a aparecer, me levanto rápidamente apunto a la cabeza de Manuel, una lágrima furtiva escapa de mi ojo izquierdo. Su mirada se vuelve más intensa, sabe lo que va a pasar, su vida se acaba ya no le queda tiempo para despedidas, es su fin, no volverá a ver a María, su mujer, no volverá a abrazarla ni a darle un beso, tampoco le volverá a decir que la quiere, ni a discutir con ella por tonterías. Seguro que en este momento debe estar pasando por su cabeza la imagen de María, sonriendo y diciéndole que todo estará bien, que no se preocupe. Sus lágrimas se vuelven más intensas al igual que las mías.

-Lo siento Manuel, todo estará bien- Comenzó a decir Alberto con la voz entrecortada por el dolor- Te prometo que cuidaré de María y le diré lo mucho que la quieres... Descansa en paz compañero...-

El disparo se hizo el dueño de mis oídos, regalándoles un silencio posterior muy breve, el tiempo se ralentizo, casi se podía ver la bala saliendo de la Luger, atravesando el aire gélido que había entre el cañón y la cabeza de Manuel. La bala entró por el centro de su frente cortocircuitando su cerebro, haciendo que parara de llorar, que dejara de sufrir, que dejara de sentir ese dolor que debía ser insufrible. Todo se acabó para él, solo silencio y descanso. Me repongo casi al instante después del disparo, los infectados están, casi encima mía, a escasos metros. Apunto con la Luger y disparo a dos de ellos, me echo a correr y justo cuando voy a dar la curva para bajar por Gran Vía aparecen infectados cortándome el paso, me doy la vuelta y veo un portal, no se por que lo hago pero me echo a correr lo más rápido que puedo y utilizo mi hombro como ariete, por suerte para mí la puerta se abre justo en el mismo momento del impacto. La puerta se queda abierta con la cerradura rota mientras yo continuo corriendo escaleras arriba, sin mirar atrás, puedo sentirlos, casi pisándome los talones, no puedo parar, tengo que seguir, mi respiración agitada al máximo, mi cuerpo cargado a tope de adrenalina, luchando por sobrevivir. Con el hombro aún dolorido del golpe y personalmente aún afectado por la ejecución, sigo subiendo como un loco, casi sin fuerzas. Planta a planta, hasta el final. Mis fuerzas me fallan mis piernas casi no responden, es el fin, última planta, aquí terminara todo, no me quedan fuerzas ni para abrir una puerta. Con la respiración desfasada, el corazón casi saliéndome por la boca, puedo sentir los latidos en mis oídos, la presión me va a matar antes que los infectados. Les he sacado un poco de ventaja, el miedo, la supervivencia, las ganas de vivir hacen que el cuerpo saque esas fuerzas sobrenaturales que todos llevamos en nuestro interior y solo salen en estos momentos en el que nuestra integridad corre peligro. Con mi rodilla derecha en el suelo apunto hacia la escalera con la MP44, cargador nuevo, 30 balas para un número indeterminado de infectados. Tras un grito empieza la fiesta, uno tras uno van apareciendo. Intentando ahorrar al máximo las balas disparo a sus cabezas. Algunos disparos los fallo, más de los que me gustaría sin duda. Se me acaba el cargador, agarro la Luger y hago el resto. Disparo a disparo, bala a bala, van cayendo. Parece que solo queda uno, apunto y disparo, para mi sorpresa no me quedan balas. Él lo sabe, me mira fijamente, intimidándome, retándome a un cuerpo a cuerpo. Tengo todas las de perder, estoy agotado, no puedo más. Intento coger un cargador pero se abalanza sobre mí. Comienza un forcejeo que no podré ganar. Agarro su cabeza mientras sus garras porque ya no son manos, si no garras, me rasgan la ropa. Le doy un cabezazo con todas mis fuerzas y un chorretón de sangre cae sobre mi cara después de un sonido hueco. Un cuchillo atravesó la cabeza del infectado.... ¿qué coño...?. Lo quito de encima mía mientras sigo acostado en el suelo y veo como alguien me está apuntando con una espada ensangrentada, no me lo puedo creer, es una Gladius, la espada Hispana convertida en romana.

Es una chica, de un metro sesenta más o menos, va completamente tapada, solo le puedo ver los ojos y un poco de pelo que le sale por la frente. Pelo de color rojo y ojos verdes.

-¿Perteneces a los soldados negros?- Gritó la chica acercando la espada hacia la garganta de Alberto.

-¿Qué soldados?, somos supervivientes. Nos han encerrado en un bunker...

-¡Mientees!- Interrumpió la chica pegando la espada al cuello de Alberto.

-¡Quita eso de mi cuello!, ¡estás loca!, ¡nos encerraron en un bunker debajo del ayuntamiento y hemos podido salir hace poco, la historia es demasiado larga como para contártela ahora!.

Sin que se diera cuenta acerque mi mano al cuchillo de la SS, dispuesto a usarlo para quitarme la espada de mi cuello.

-Ni se te ocurra hacer nada con ese cuchillo-

-Mierda...-

-¿Por qué vas así vestido?, ¿Eres el que mando el mensaje por radio?.

-¿Qué mensaje por radio?, ¡te lo acabo de decir, nos han encerrado en un bunker.!.

-Entonces, ¿no sois vosotros los que habéis mandado el mensaje por radio?.

-¡NO!, voy a levantarme, si quieres cortarme el cuello adelante.

Ni yo mismo se por que coño dije eso, pero la espada de la chica se apartó de mi garganta para tenderme una mano y ayudarme a levantarme. Debe haber perdido la cabeza tanto tiempo sola, hace preguntas absurdas. Compruebo mi estomago y por donde me han desgarrado la ropa y para mi alegría, todo está perfecto, no ha conseguido llegar a mi cuerpo, llevo una capa de ropa bastante considerable.

-Para ser una enana, tienes fuerza.

-Vuelve a decir una gilipollez y mi espada atravesará tu cabeza.

-¿Vives aquí?.

-Eso hago, pero no por mucho.

Entramos en su piso, uno de la última planta, dentro tiene varias hogueras montadas, la verdad que la temperatura es bastante agradable. Funciona como si fuera calefacción o algo así. Sea como sea hace calor, una sensación que había olvidado. El piso está destrozado, no hay muebles ni nada por el estilo, solo las paredes, las hogueras, algo de comida y alcohol.

-¿A que te refieres?, ¿te marchas?.

-Estaba esperando a unos supervivientes pero no han vuelto. Iban a... no te puedo decir a donde, es secreto.

-¿Aún no te fías de mí?.

-¿Por qué mataste al que iba contigo?.

-...-

El silencio se apoderó de mí, la pena volvió, una lágrima se escapó de mis ojos.

-Me tengo que ir, la gente con la que venía están en problemas.

-¿Cuántos sois?.

-Seis, cinco... Ahora cinco.

-¿A dónde fueron?.

-No te lo puedo decir, es secreto.

-Aprendes rápido.

-No me fío de quien no se fía de mí.

-Suerte.

-Ven conmigo si quieres, en el bunker tendrás un hogar y una familia. Aquí sola no te quedará otra que morir.

-¿Quién eres?.

-Mi nombre es Alberto Leiva y me largo, si quieres venir vente y si no aquí te quedas, mis compañeros están en peligro.

Me di la vuelta y me largué, al rato escuché pasos detrás mía mientras bajábamos las escaleras.

-Eres el escritor, el de “El diario de Jensen”...

-A día de hoy no soy más que un superviviente, el pasado ya no cuenta, solo cuenta el presente.

-Iré contigo, necesitarás alguien que te salve el culo.

-Gracias.

Era lo que quería escuchar, saber que no sería tan idiota de quedarse aquí sola esperando una muerte segura. Al menos con nosotros en el bunker tendrá una mínima oportunidad de vivir. Tiene carácter pero parece buena chica, además me ha salvado la vida, estoy en deuda con ella.

Salimos a la calle y solo hay silencio, solo se escucha el aire golpeando contra los edificios y paseándose por las calles desiertas. El cuerpo de Manuel no está en donde debería estar, solo queda una mancha de sangre congelada en el suelo.

-¿Dónde coño...?.

-Se lo habrán comido, no pienses en eso. Vamos a buscar a tus amigos.

Cruzamos la Gran Vía y llegamos al corte inglés, bajamos hasta la puerta de personal. La puerta está abierta, en el suelo hay varios infectados tirados, muertos. Trotamos hacia ella para llegar cuanto antes. Al llegar solo están Carlos y Raquel en la puerta apuntándonos con sus armas.

-¿Dónde está Janet?-Preguntó Alberto con nerviosismo.

-Se ha ido calle abajo con Alex, les seguían infectados tío. Nosotros vinimos aquí a refugiarnos y esperaros.-Dijo Carlos.

-Tengo que ir a por ella.

-Espera Alberto, seguro que vienen ahora, dales un poco de tiempo.-Dijo Carlos.

-No hay tiempo que perder.

-Iré contigo.-Dijo Raquel.

-No, quédate con Carlos iré con esta chica.

-Oye y ¿Manuel dónde está?.Dijo Carlos.

El silencio se apoderó del momento. Mi cabeza gacha se quedo observando al suelo por un momento mientras Raquel comenzaba a llorar y decía que no podía ser, Carlos golpeaba la pared de rabia. Yo me di la vuelta y me fui hacia la Gran Vía otra vez.

-Esperadme aquí, voy a dar una vuelta a la manzana e intentar localizarlos.

-Te sigo.-Dijo la chica nueva.

Rápidamente me puse a correr en dirección a Urzáiz. La chica venía detrás mía sin decir absolutamente nada. Es mejor, ahora mismo no me apetece hablar absolutamente de nada. No sé donde está Janet, temo por ella, porqué no esté bien, tengo que encontrarla. Al llegar a Urzáiz hay un reguero de infectados muertos. Trozos de ropa tirados en el suelo, son trozos de chaquetón de la SS como el mio. Dios, que no le haya pasado nada. Por un momento esperaba que si hubiese un herido en los dos que no fuera ella, lo siento por Alex pero ahora mismo ella es mi único pilar en este mundo. Si lo pierdo me derrumbaré. Sé que no debería hacerlo pero tengo que llamarla.

-¡¡¡JAANEEEET!!!, ¡¡¡¡¡JAAAAANNEEEEEEEET!!!!!-

-¡Estás loco, cállate o vendrán a por nosotros!.

-¡JAAAANEEEEEET!.

No podía rendirme, me daban igual los infectados que vinieran, Janet, corre peligro no voy a perderla. Subimos por Urzáiz hasta el cruce con Vía Norte. Sin el mayor signo de que estén por aquí. Por esta zona no hay cuerpos de infectados y el sol comienza a ponerse. El tiempo se nos echa encima. Quizás ya estén en el corte inglés esperándome. Al llegar descubro que no es así, que no han llegado.

-Es tarde Berto, tenemos que irnos al bunker o moriremos de frío, mañana al romper el día iremos a buscarlos. Raquel ha ido a buscar un candado para la puerta. Cerramos esto y así nos aseguramos que los infectados no entrarán.

Estoy demasiado abatido como para rebatir a Carlos y decirle que no, que tenemos que ir a buscarlos. No puedo y además tiene razón. No aguantaremos más con este frío. Los demás están solos en el bunker esperando a que lleguemos. La pobre María espera que su marido llegue al bunker pero no va a ser así. Mala idea venir al corte inglés. Lo que parecía una tontería y que sería como ir de compras a resultado ser totalmente dramático. Una baja, un alta y dos desaparecidos. Esto es una mierda. De camino al bunker no nos decimos absolutamente nada, nos limitamos a trotar para mantener una temperatura decente y no morir por hipotermia.

Al llegar al bunker, nos toca dar las malas noticias. Me acerco a María y le doy un abrazo.

-Lo siento María. No pude hacer nada por él.

-No, no, no,no... No puede ser... Seguro que está bien en algún sitio...

-No, estuve con él en los últimos momentos, quería que te dijera que te quiere mucho y que para él has hecho que la vida fuera un regalo solo por el hecho de estar a tu lado. Lo siento María, me tienes para lo que necesites.

-¿Dónde lo dejasteis?.

-Nos rodearon los infectados, empezamos a correr y cuando me di cuenta ya estaba tirado en el suelo. Intenté hacer lo posible por... ya sabes, pero fue inútil. Al rato de morir aparecieron más y tuve que refugiarme en un edificio. Está chica me salvo la vida. Al bajar, ya no estaba el cuerpo, lo siento.

María se quedó llorando en una de las sillas, Alicia se puso a su lado. La chica nueva no perdió detalle de mi conversación con María. Me quito el chaquetón rasgado por los infectados y dejo las armas en una de las mesas, yo también necesito descansar un momento.

-¿Janet y Alex?-Dijo Alicia.

-Han desaparecido, intentamos buscarlos pero no los encontramos. Se nos echaba la noche encima y tuvimos que largarnos. Estarán refugiados en algún sitio.

Tengo que ir a por ella, es lo que ella haría por mí, no puedo esperar aquí sentado. De pronto un ruido procedente del ascensor hace que me levante a toda prisa y me eche a correr hacia allí. Los demás hacen el resto. Al llegar, veo a Janet tirada en el suelo. Al tocar su piel está congelada, fría, un poco de aire se escapa de su boca, su cuerpo tiembla. La cojo en brazos y me la llevo a la gran sala central. Carlos comienza a encender las cenizas de ayer con más madera. Alicia me trae un saco de dormir, comienzo a quitarle la ropa mojada y la meto dentro del saco, su temperatura va subiendo poco a poco.

-¿Dónde estará Alex?, ¡tenemos que ir a buscarlo!- Dijo Raquel con cierto nerviosismo.

-Ahora no podemos Raquel, está oscuro y la temperatura es muchísimo más baja. Tenemos que esperar a mañana, seguro que está bien, el estuvo en el ejercito.-Dijo Carlos.

-¡Iré yo sola entonces!.Dijo Raquel.

Carlos abrazó con fuerza a Raquel y le dijo que se tranquilizara, ella comenzó a llorar y Carlos le dijo que pensara en su hijo, que si salía allí fuera,corría el riesgo de no volver. Raquel se fue relajando y su lamento se fue apagando, los dos se fueron a la habitación seguidos por Alicia y Daniel. María estaba en otra habitación con Antonio y Camila, llorando, destrozada. Intentando recomponerse de este duro mazazo. En la sala central solo quedamos Janet, en un estado de “standby”, recuperando la temperatura perdida junto al fuego. También está la chica nueva, el tipo loco y yo. La chica nueva comenzó a quitarse todo lo que cubría su cara y parte de la ropa, hasta quedarse en un jersey verde largo y con un pantalón de nieve negro. Es una chica joven, debe tener 23 ó 24 años. Su cara es preciosa y su mirada deja entrever que es una buena chica, todo ese carácter y mala leche no es más que un arma de defensa, seguro que lo ha pasado bastante mal... como todos pero cada uno lo lleva como puede.

-A este tío lo conozco.- Dijo la chica nueva mientras se acercaba al tipo loco.

-¿Qué me dices?. No conseguimos hablar con él, desde que entramos aquí ha permanecido mirando esa puerta sin descanso.

-Pues lo conozco, era vecino mío.

-¿Del edificio en el que estabas?.

-Sí, es un tipo peculiar, no saludaba a nadie, ni hablaba con nadie. Tampoco vimos entrar a nadie en su casa, ni familiares, ni amigos, nada. Lo único que sé es que se llama Jensen.

-¡Coño!, ese nombre me resulta familiar.

-Es lo único que sé de él. Reconozco que cuando me cruzaba con él por las escaleras me daba mal rollo.

-Yo le llamo “el tipo loco”, ahora ya le puedo dar un nombre real...

-¿Qué crees que hay detrás de esa puerta?.

-No tengo ni idea pero estoy convencido que si hay alguien capaz de descifrar esos dos códigos es él.

-No sé yo...

-Por cierto, no me has dicho tu nombre.

-Mónica, me llamo Mónica.

-Pues encantado Mónica, el mio ya sabes cual es.

-Si, lo sé , me he leído tus libros.

-Muchas gracias.

-¿Sois pareja?.

-Somos algo así, sí.

-Entiende que no te tratara bien al principio.

-Te entiendo, al igual que vi que eras una buena chica, sino no estarías aquí pero tengo un par de preguntas que hacerte. Una es por algo que dijiste. ¿Quiénes son los soldados negros?.

-¿No los habéis visto?. También son humanos pero de algún tipo de ejército o algo. Van vestidos de negro con trajes como si fueran espaciales. Supongo que son para resistir el frío. No hacen distinciones, matan a todo lo que ven, ya sean otros humanos o mutados.

-No los hemos visto, solo hemos visto a los peludos, nosotros les llamamos infectados en vez de mutados pero es lo mismo supongo.

-Esos son los más inofensivos de todos los mutados.

-¿Cómo, hay más mutaciones?.

-Claro que hay más, están los hinchados, que son como los típicos culturistas pero pálidos, con los ojos rojos e hiperactivos. Matan todo lo que ven para comérselo. Luego está la criatura... no sabría que nombre darle. Mide unos tres metros de altura, tiene aspecto de humano pero está completamente desfigurado. De todos es el más fuerte, las balas apenas le hacen nada. Es muy rápido y muy fuerte, si os encontráis con él lo mejor que podéis hacer es correr lo más rápido que podáis y esconderos en un sitio seguro. He vaciado dos cargadores en él y no le ha hecho nada. Incluso disparándole en la cabeza. Seguía corriendo hacía mí. Yo hice lo mismo, escapé pero... pero mi hermano no pudo... Sé quedó atrás y... lo destrozó, le arrancó la cabeza como quién abre una botella de sidra y comenzó a beber de la sangré que salía.

Mónica comenzó a llorar al contar la historia, me acerqué a ella y le di un abrazo.

-Lo siento, te prometo que descubriremos una forma de matar a esa cosa y acabaremos con él.

-Gracias, luego hay otros tipos de mutados, son muchos, no sabría decirte. Supongo que el virus le afecta distinto a cada persona pero no se porqué. Es lo único que se me ocurrió.

-Dijiste que había un grupo no, o algo así. ¿Quiénes son?.

-Son otro grupo de supervivientes. “La Resistencia”, así nos hacemos llamar. El líder es Jacklobo.-

-¡Espera!, ¿has dicho Jacklobo?.

-Sí, Jacklobo.

-No puede ser... ¿Con quién iba?.

-Con un grupo de gente. Todo empezó con él. Se junto con sus amigos supervivientes y fueron buscando supervivientes por toda la ciudad. Viste que al entrar en mi casa había varias hogueras encendidas. Es la forma que se les ocurrió para poder tener un “hogar”. De esa forma calientan el aire de un espacio pequeño y permite pasar una buena noche ahí fuera. Hace tres días se fueron a la búsqueda de una señal de radio. Hacia Pontevedra, parece ser que hay un grupo de supervivientes.

-Es amigo mío, como un hermano, mis hermanos pueden ir con él... ¿Cómo eran todos?.

-No sé, no sabría decirte, no me quedé con sus caras. Había de todas las edades, bastante gente.

-¿Por qué no fuiste con ellos?.

-Yo me quedé esperando a un grupo de cinco personas que iban a venir a nuestra posición. También eran supervivientes. Pensé que podríais ser ellos. La idea era quedarme hasta que llegaran e ir tras ellos.

-Entiendo, ¿tenéis una radio?.

-Sí, la lleva uno de ellos a la espalda. Yo estuve poco con ellos. Se les reconoce porque llevan un trozo de tela rojo en el brazo izquierdo. Es una forma de distinguirse de los demás. Una forma de saber que no eres peligroso si te ven los francotiradores.

-¿También tienen francotiradores?.

-Solo tienen dos rifles pero si. Además tienen bastante armamento. Me vas a perdonar pero estoy muy cansada, necesito dormir.

-Claro, puedes ir a por un saco si quieres y dormir aquí junto al fuego o irte a una habitación, como tu prefieras.

-Me vendré aquí entonces.


 Asiento con la cabeza y se va a por un saco. Me acaba de dar una de las mayores alegrías que podría esperar en este momento. Mi familia o parte de mi familia podrían estar vivos. Tengo que ir tras ellos, tengo que buscarlos sea como sea. No puedo esperar a que se vayan más lejos. Mónica viene con el saco y se pone a dormir junto al fuego. Me acerco a Janet y compruebo que ya tiene más temperatura su cuerpo, aun sigue dormida. Me voy a por una botella de VAT69, está noticia se merece unos tragos.
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"La llama de hielo" capítulo 1x11 "Bienvenidas que suenan a despedidas" por Alberto Leiva Pallares se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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