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sábado, 20 de julio de 2013

Extra 1 de "La llama de hielo": Tragedia en los Norte

LA LLAMA DE HIELO


Extra 1:

Tragedia en los Norte”

Tengo que darme prisa, mi hijo Jose necesita un inhalador urgentemente. La farmacia no está lejos, vivo en el edificio que hace esquina en la calle Via Norte con la calle Urzáiz, la farmacia está un poco más allá de los cines Norte. El frío no me deja pensar con claridad, me tirita todo el cuerpo y no tengo ropa suficiente como para cubrirme de él. En casa también hace mucho frío, esto es un infierno. Además están esos bichos peludos que se comen todo lo que ven, personas, perros, gatos, palomas, gaviotas. No le hacen asco a nada, están enfermos. Cada paso es un sufrimiento constante, se me están congelando las piernas pero tengo que conseguirlo, mi hijo solo tiene seis años. Mi marido Nacho murió al día siguiente de infectarse con esa máldita gripe solar, como le llamaban los medios de comunicación, Jose y yo también estamos infectados pero cada día que pasa vamos a mejor, la fiebre está remitiendo y las fuerzas poco a poco vuelven, el problema ahora es Jose, su inhalador se ha acabado y necesitamos otro, podría habermelo traído pero se congelaría con este frío. No tenemos ropa suficiente.


 Paso por los cines Norte y llego a la farmacia, la puerta está cerrada, aunque me tiembla todo el cuerpo consigo dar un golpe fuerte a la puerta y abrirla. Entro dentro, donde guardan los medicamentos y busco los inhaladores, al cabo de un rato de búsqueda reconozco la caja, cojo dos y las guardo en mis bolsillos, tengo que marcharme ya o me moriré congelada. El temblor de la mandíbula por el frío hace que me duelan los dientes al golpearse entre si. Al salir de la farmacia escucho un fuerte ruído, es en la estación de tren, que demonios ha pasado. Cruzo la calle lo más rápido que puedo. Desde aquí arriba veo como se ha caído un cacho del techo. Hay alguién dentro, ¡oh no!, ¡tengo que largarme de aquí ya!, que no me vean... Son ellos. Son los soldados esos de negro. Van vestidos de negro con ropas como si fueran del espacio, llenos de armas. Van matando a todo lo que ven. Los pude ver hace dos días como pasaban por la calle Urzaíz hacia arriba. Iban detrás de esos otros bichos, los más peligrosos. No tienen nada de pelo, su piel es completamente blanca, son muy grandes como si fueran culturistas en niveles extremos, son rápidos y fuertes también atacan a todo lo que ven como los soldados les dan igual lo que sea. No están solos ahí abajo, hay algo más. Es un bicho enorme, que demonios es eso... Le empiezan a disparar pero parece que no le hacen nada, ¡los está matando a todos!, ¡Tengo que irme ya!. Cruzo otra vez la calle a tumbos, con pasos muy pequeños y con los pies casi arrastrando. Llego a la altura de los cines Norte, no puedo más, me pesa todo el cuerpo. Me agacharé en el suelo cubierta por la pared del aire frío e intentaré ganar un poco de calor colocandome en posición fetal. Mi pobre Jose, esperame, iré ahora pequeño. Siento como lo estoy consiguiendo, los temblores van cesando pero un estúpido sueño me va ganando, no, no puedo, tengo que levantarme. Lo intento pero es inútil mi cuerpo no me responde, me voy a morir, mi pobre Jose, está solo. Siento como las lágrimas que salen de mis ojos se congelan y seguidamente siento mucho, mucho sueño.
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Extra 1 de "La llama de hielo": Tragedia en los Norte por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

La llama de hielo, capítulo 1x08 "Desayuno entre cenizas"

LA LLAMA DE HIELO


8.-”Desayuno entre cenizas”


«El amor siempre llega en el momento justo cuando tiene que llegar, cuando todo lo malo necesita una vacuna que lo haga desaparecer todo. Las negativas son siempre respuestas contradictorias a un sentimiento enfrentado.»


Mis ojos se abren lentamente con una sensación que ya casi había olvidado, calor, la temperatura óptima para vivir. La hoguera aún sigue encendida pero con una llama bastante debilitada. A mi lado está Janet, durmiendo profunda y plácidamente con las mantas hasta la nariz, con cara de niña buena y de no haber roto un plato en su vida. Los demás deben estar durmiendo en las habitaciones por que en la gran sala no están. El único que está a parte de nosotros es como no, el tipo loco que sigue mirando hacia la puerta. Me saca de mis casillas, el mundo se ha ido a la mierda y el tipo solo tiene una preocupación, la puerta y los dos códigos secretos, me dan ganas de ir allí y darle una hostia para que espabile y salga de ese estado de obsesión permanente. Vuelvo a mirar hacia Janet mientras me incorporo. Me acerco a ella, coloco su pelo suavemente detrás de su oreja y le doy un beso en la frente. Ella suelta un leve sonido agradable que confirma estar totalmente dormida y relajada. Me gustaría saber que estará soñando, meterme en su sueño para acompañarle en lo que quiera que esté haciendo y olvidarnos de la realidad en la que estamos metidos. A veces me pregunto cómo sería nuestra historia si no hubiera pasado esto. Igual seguiríamos sin hablarnos y haríamos nuestras vidas cada uno por su lado o igual coincidiríamos en algún lugar en el que empezaríamos a charlar y nos daríamos cuenta que podríamos tener una historia juntos. Pero esto siempre será un “qué hubiera sido”, ahora estamos aquí y lo único que tenemos que tener en mente es sobrevivir un día más.

El estómago me ruge como un león hace temblar la sabana africana, me levanto y me voy al almacén. Paso por delante del loco y veo algo realmente cómico. El tipo se está quedando dormido de pie, se le cierran los ojos como a un niño pequeño, le diría algo pero me dio una hostia por hablar con él, así que si se cae al suelo me daré por vengado. Entro en el almacén y me cojo un cacho de pan y un chorizo. Si fuera otro día quizás pensaría en los demas y diría,”Lo dejaré para una ocasión especial”, a la mierda las ocasiones especiales, casi me muero y además tenemos el corte inglés ahí al lado, todo lo que haya dentro podremos quedárnoslo. La vista se me va hacia las botellas de whisky. Lo siento por los demás pero hoy más que nunca me merezco un trago.

Vuelvo a mi cama improvisada cerca de la pequeña hoguera. Ya solo quedan brasas. Estos locos han cortado la moqueta del suelo para hacerla... Dejando un margen de separación entre el empiece de la moqueta y la hoguera, nos podíamos haber quemado todos y ninguno se puso a controlar el fuego. Tiro el chorizo en las brasas en un sitio donde pueda cogerlo. El olor hace que mi estómago ruja mucho más fuerte. Lo quito de las brasas casi quemandome los dedos y lo meto en el pan. Dejo que enfríe un rato y me lo como. El sabor me lleva a unos años atrás cuando haciamos aquellas barbacoas en la casa de la aldea. Entre recuerdos el bocata desaparece de mis manos de bocado en bocado. Un trago de la botella de whisky y un eructo que me hace quedar a gusto.

Al poco rato la venganza que estaba esperando llega de la mano de un ruído seco, el loco se cayó al suelo, no chilla ni se queja, se debió quedar dormido en el suelo. Me levantaría a ver si está bien pero bah, si le pasara algo estaría chillando... La conciencia, ese maldito run run no me deja relajarme, me levanto y compruebo que está vivo y no se golpeó de gravedad, por lo menos a simple vista. Sí, respira y comienza a roncar, joder. Me vuelvo a mi cama y veo a Janet como entreabre sus bonitos ojos color miel.

-¿Qué pasa estás bien?

-Sí, fue el loco que se quedo dormido de pie y se cayó.

-Jajaja que memo.

Janet se rió un poco mientras se frotaba sus ojos con las manos. La pobre debía estar rendida, fueron muchas emociones en tan poco tiempo. Casi la violan, casi nos matan, el alcalde muriéndose delante nuestra, el frío extremo, su hermano muerto, venir a por mí cuando estaba en clara hipotermia. Necesita un descanso y relajarse.

-Sigue durmiendo, yo vigilaré el fuego.

-No-Dijo Janet mientras se acercaba a Alberto y apoyaba su cabeza en su cadera- Prefiero hablar contigo un rato.

-Vale-

Janet se tapó con las mantas y nos quedamos mirandonos por un momento sin decir nada, sin darnos cuenta comenzamos a susurrarnos sin apartar nuestras miradas, con dos sonrisas de idiotas levemente marcadas en nuestras caras.

-Cómo dejasteis el fuego encendido y nadie atendiendolo, pudimos morir quemados.

-Estaba vigilando yo pero me quedé dormida...

-Estás cansada, te mereces un descanso.

-Ya descansé...

Nos quedamos en silencio sin decir nada más, ninguna palabra que interrumpiera lo que los dos estábamos deseando en este momento. Nuestros labios se fueron acercando lentamente, sin prisas, hasta que al fin se rozaron e hicieron contacto. Besos suaves acompañados por pequeñas caricias que cada vez fueron creciendo en intensidad. Los dos cuerpos chocando, queriéndose convertir en uno solo, dejándonos llevar por el deseo, sin importar nada de lo que ha pasado o en lo que nos hemos metido. En este momento solo pensamos en nosotros en nuestro apetito insaciable, en nuestro placer, en nuestro amor. Amor forjado con la llama del deseo que nos lleva a recorrer cada centímetro de nuestros cuerpos con besos, caricias y pequeños mordiscos. Nuestros cuerpos desnudos, tan calientes como las brasas que nos envolvieron en está temperatura caribeña, empapados nos retorcemos llegando al mayor momento de clímax. Exhaustos, jadeantes y satisfechos nos acurrucamos y nos quedamos dormidos.

-Chicos... chicos...- Dijo Alex mientras movía a Alberto y a Janet para despertarlos.

-¿Qué pasó?.

-Nada, ya es de día, hemos preparado un desayuno para todos en la mesa. El ayuntamiento está despejado he ido a comprobarlo ahora. Tenemos que pensar algo al respecto.

Alex se va hacia la mesa mientras Janet y yo nos miramos, nos sonréimos y nos besamos.

-Buenos días-Susurró Janet al oído de Alberto mientras lo abrazaba suavemente.

-Buenos días.

Nos vestimos como podemos debajo de las mantas sin que se note demasiado y nos sentamos en la mesa, yo al lado de Alex y Janet al lado de Raquel, uno enfrente del otro. Tienen preparado un festín: café, pan tostado, cereales, zumo y galletas. Nos levantamos y nos sentamos en la mesa, Janet al lado de Raquel y yo al lado de Alex, uno enfrente del otro.

-Hombre mirad quien se ha despertado-Dijo Carlos sonriendo.

El loco se levantó y se quedó mirando para nosotros. De pronto su nariz comenzó a moverse como oliendo lo que había en la mesa. Un gesto que me proboca una risa estúpida e incontrolable. El tipo camina hacia la mesa y se sienta al lado de Carlos, coge un poco de todo y se pone a comer. Todos nos reimos.

-Despacio, no te vayas a atragantar.

En un abrir y cerrar de ojos, el tipo se levanta de la mesa y se va hacia su sitio, a la puerta secreta. Mirando las dos ruletas, su crucigrama, su misterio.

-Tenemos que hacer algo para estar a salvo y tranquilos aquí dentro.-Dijo Alex.

-¿A qué te refieres?.-Contestó Alberto.

-Estamos desprotegidos en caso de que vengan los infectados. Si entran seríamos como ratones encerrados, una presa fácil para ellos.

-Podemos montar guardias en el exterior.-Dijo Manuel.

-Pero como avisamos a los del interior en caso de que vengan y nos rodeen o algo. Estaríamos vendidos. Replicó Alex.

-Podemos montar guardia aquí dentro y echar agua en las puertas exteriores del ayuntamiento. El frío la congelará rápido y tendremos una cerradura natural montada.-Dijo Alberto.

-Sería, ¡sería perfecto!, Así en caso de que entraran que sería bastante difícil, podríamos avisarnos y contratacar de forma rápida. Buena idea Alberto.

-Otra cosa, Janet y yo pasamos por el corte ingés, está intacto. Nadie ha entrado allí. Tenemos todo para nosotros, ropa, comida, armas...-Dijo Alberto.

-Pero, ¿cómo entramos?, tiene verjas metálicas.-Dijo Raquel.

-La puerta de personal no, malo será que de una patada no entremos.

-¿Y que pasa con los cristales de los escaparates?, si vienen los infectados podrían romperlos y entrar.- Dijo Alex.

-No, esos no rompen son muy gruesos, los puso mi empresa cuando abrió el corte inglés en Vigo.-Dijo Manuel.

-¿Con este frío no se debilitan los cristales o algo?. Dijo Alicia.

-No, no pasa nada, aguantarían bien si vinieran los infectados por eso no debeis preocuparos, yo me preocuparía más de la puerta de personal por la que queréis entrar. Os pueden seguir.

-Dos personas podemos vigilar mientras los demás entráis a por cosas.-Dijo Carlos.

-Podemos ir a por un candado y una cadena, si vienen los infectados no podrán pasar y así podremos cerrar la puerta mientras estemos dentro y para otras veces que volvamos.- Dijo Alberto

-Muy buena idea, ahora solo falta decir cuando vamos.-Dijo Alex.

-Creo que es mejor que hoy descansemos y lo hagamos mañana. Nos merecemos un poco de descanso.

-¿Sabéis a dónde sería buena idea ir?, al hospital, no nos vendría mal algo de allí.-Dijo Alicia.

-Podemos ir nos queda de camino.-Respondió Carlos.

-También tendríamos que hacer algo con los cadáveres, los tenemos amontonados en una habitación y sería conveniente quitarlos antes de que se empiecen a pudrir. -Dijo Antonio.

-Cierto eso lo haremos luego en un par de horas.-Dijo Alberto.

A todos les pareció perfecto, Janet y yo nos miramos justo cuando terminamos de desayunar. Cada uno se va a hacer sus cosas, le digo a Janet que me espere un momento y me acerco a Alex.

-Alex, ¿te vienes luego conmigo al despacho del alcalde?, quizás allí haya algo útil.

-No, allí no hay nada, ya he ido y no hay nada.

-Bueno pero si quieres podemos echar un ojo entre los dos.

-No, no hay nada.

Me quedo parado mientras Alex se va a la habitación con Raquel, no entiendo porqué me contesta así, tan seco, además que siempre se apunta a ir a cualquier sitio. Janet me llama desde la puerta de nuestra habitación, me digo que quizás no sea nada y camino hacia ella. Al entrar me llevo una grata sorpresa, Janet ha recogido todo, cada cosa está en su sitio, no son muchas cosas pero las suficientes como para poder tener la habitación hecha una leonera.

-He leído lo poco que has escrito.

-¿Qué te parece?.

-Pues en tu linea, se nota que es tuyo le das un toque diferente a las cosas. La historia me parece muy buena, tienes que seguir haciendo más que me quedé intrigada.

-Está bien.

Le dije a Janet mientras la agarraba de la cintura pegandola contra mí y dándole un beso. Nos sentamos en la cama y comenzamos a charlar.

-No quiero que te pase nada Alberto, quiero que si haces algo o vas a algún sitio, quiero que me lo digas y quiero ir contigo, he perdido todo y no soportaría perderte a ti ahora mismo.

-Vale, te entiendo pero a veces son situaciones peligrosas y yo tampoco quiero que te pase nada.

-Si me pasa algo me aguanto pero al menos se que me pasará a tu lado y si te pasa algo a tí quiero estar a tu lado, no quiero...- Las lágrimas interrumpen a Janet impidiéndole continuar por un instante-No quiero despedirme de ti cuando ya estés muerto.

Janet llora desconsolada y hace que toda mi fuerza interior se venga abajo, la abrazo lo más fuerte que puedo hasta que comienza a calmarse.

-No pienses en eso, no sabemos lo que nos va a pasar, pero está bien, iremos juntos. Si no fuera por ti, ahora mismo estaría muerto.

Janet fijo sus ojos rojos en mí de tal forma que una carcajada se escapó de mi interior. Dicen que hay miradas que matan, esa podría ser una de ellas.

-Pero no te rías, como vuelvas a irte así te doy un hostión.

-Jajaja, está bien.

-Alber, que viste en tu casa, ¿llegaste hasta allí?.

-Sí, llegué, tuve que escapar de algunos infectados pero nada grave. Pues no había nada, el piso estaba vacío, no había señales de nada, todo estaba donde debería estar.

-¿No te dejaron una nota, ni nada?.

-No, no había nada.

-Tienes alguna idea de a donde podrían haber ido?.

-Pues no...

-Seguiremos buscando, ya verás que encontraremos algo en algún momento.

-Eso espero...

Miro a Janet y le doy un beso, realmente es lo único bueno que hay en este momento, sin ella no sería capaz de vivir ni un minuto.

-¿Qué le decias a Alex?.

-Le decía de ir al despacho del alcalde pero me contestó que no, muy seco.

-Anda, que raro, si siempre es agradable y se apunta a todo.

-Ya, a mi también me parecio raro no se... Pienso en ir de todas formas, ¿te vienes?.


 -Claro, vamonos ahora.
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La llama de hielo, capítulo 1x08 "Desayuno entre cenizas" por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

viernes, 12 de julio de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x07 "Soledad"

LA LLAMA DE HIELO

7.- “Soledad”


«La soledad es un sentimiento tan lleno que consigue eliminar todo lo agradable de una persona, haciendo que esta misma se aísle de un mundo real para adentrarse en un mundo ficticio donde todo está yermo.»


Otra vez salir del bunker para ir al exterior, con ese frío insufrible que se cuela hasta los huesos creando la sensación de tener varios alfileres clavándose en ellos hasta perforarlos y atravesarlos. Alex y yo vamos cubiertos y protegidos por completo, los chaquetones largos de las SS hacen que se genere un calor en el interior y permanezca ahí por un rato. No sé que habrá visto Alex ahí fuera pero su cara es de miedo y de terror. Su expresión facial hace que yo tenga bastante respeto hacia los infectados. Tampoco sabemos si es a todos o solo a algunos o si a todos les ha afectado de la misma manera. Al llegar al ascensor nos metemos dentro y le damos al botón para subir.

-Tienes que estar atento Alberto, un descuido nos podría salir caro. Quiero que estemos juntos en esto y no nos separemos.

-No te preocupes, estaremos juntos en esto.

-Te juro que llegué a temer por nuestras vidas, si le llega a pasar algo a Raquel o a Daniel...

Alex no fue capaz de terminar la frase, bajó la cabeza y se echó su mano derecha a sus ojos para frenar lo que serían un par de lágrimas.

-No te preocupes, están a salvo, lo has hecho bien.- Dijo Alberto mientras apoyaba su mano en el hombro izquierdo de Alex con firmeza.

-No sé que me pasa con ella y con el pequeño, no sé si es por esta situación o si es porque estamos solos en esto pero siento que la quiero y el pequeño es como si fuera mi hijo.

-Entiendo, la verdad que hacéis buena pareja es como si llevarais juntos toda la vida y fuerais una familia. Te envidio.

-Gracias Alberto, ¿y tú con Janet?, se os ve muy bien juntos.

-Yo no puedo decir lo mismo que tú, le tengo cariño pero para mí es una auténtica desconocida, hace unos días que nos conocemos y aunque hemos vivido muchas situaciones juntos no siento amor por ella. ¿Sabes a lo que me refiero?.

-Sí, pero ella parece quererte y te tengo que decir que aunque te vi distante con ella en algún momento siempre estás pendiente de ella aunque parezca lo contrario.

-Si, ella me quiere pero... necesitamos ir poco a poco, conociéndonos poco a poco.

-Te entiendo, si crees que es lo mejor hazlo como tú veas, pero piensa que nuestros días están contados, no sabemos si el sol volverá a activarse o si seguirá en este estado. Si sigue así nuestro futuro es incierto y si se activa, igual la explosión hace que crezca su tamaño e igual arrasa nuestro planeta. En cualquiera de los casos estamos jodidos, si ves que puedes ser feliz con Janet aunque solo sea un día o aunque solo sea una hora o un minuto, habrá merecido la pena.

Esa última reflexión de Alex hace que quedemos en silencio hasta llegar arriba. Tiene toda la razón del mundo, Janet me quiere, es una buena chica y se preocupa por mí. Además a mi me gusta, físicamente me atrae y personalmente tiene mucho que aportarme, sobretodo estabilidad. Alex ha tocado ese botón que hace que cambies de forma de ver las cosas. Todos tenemos un mecanismo que con solo una palabra o una frase acertada, nos cambia la forma de pensar radicalmente, suelen ser cosas simples y básicas. Llegamos a la entrada del ayuntamiento, nos miramos y salimos a fuera. Es completamente de noche, hay luna llena pero apenas podemos verla por el reflejo tan débil del sol. Las farolas están apagadas no hay electricidad en la calles, supongo que nosotros tenemos luz por algún tipo de generador de electricidad que haya en el bunker. No sé cuanto nos durará, no nos habíamos puesto a pensar en ello pero ahora tampoco es el momento. Tenemos que ir en busca de Javier, Carlos y Alicia. Caminamos hacia Camelias, subiendo por el puente del ayuntamiento, no se oye absolutamente nada. Solo se oyen nuestras pasos en la nieve y el leve aire que choca contra nosotros. Hace muchísimo frío, los chaquetones nos aíslan bastante pero no es suficiente, el frío se va impregnando a ellos y se van congelando poco a poco. Es insufrible, jamás podremos caminar grandes distancias con esta mierda de frío.

-No debemos ir hasta plaza América -rompió el silencio Alex- allí están los infectados.

-Podemos ir hasta la calle Doctor Marañón, luego por Menéndez Pelayo, bajar por el caminito estrecho, cruzamos López Mora, bajamos por Tomás Alonso y llegamos a Torrecedeira. Al ir por calles pequeñas tenemos menos escapatorias pero podemos hacerlo.

-Está bien, iremos por ahí.

Caminamos a buen ritmo para generar un poco de calor y no congelarnos por el camino, con los cinco sentidos alerta por cualquier contratiempo. Echo un vistazo a la derecha y veo la sombra de la Panificadora de Vigo, lleva tantos años abandonada que está casi destruida por completo. Una auténtica pena, un símbolo de Vigo, tirado al traste. Ningún gobierno fue capaz de hacer nada al respecto. Poco a poco vamos recorriendo la calle Camelias, Pasamos por la bajada de la calle Romil, cuantas veces bajé por ahí, solo de pensarlo y recordar todos los momentos un atisbo de tristeza invade mi cuerpo pero no es tiempo para eso, tengo que estar atento. Estamos corriendo mucho peligro. Sigo a Alex en cada uno de sus pasos y acato todas sus decisiones y consejos, él es el experto en estas situaciones yo no soy más que un escritor.

-En caso de encontrarnos con algún infectado no debemos disparar-Interrumpió Alex al silencio que se apoderaba de este momento- a no ser que sea realmente necesario. El ruido podría atraer a más infectados y estaríamos jodidos. Ten el cuchillo cerca.

-De acuerdo, te sigo.

Alex va caminando como solo saben hacer los que pertenecieron a algún grupo de asalto. Con las rodillas ligeramente flexionadas y sin moverlas ni un centímetro más a cada paso. Va apuntando con el MP44 a todo lugar al que mira. Yo imito sus movimientos como si supiera lo que estoy haciendo y fuera un profesional. Obligado a aprender rápido si quiero sobrevivir. Llegamos a nuestro desvío siguiendo toda la ruta llegamos al cruce de López Mora. De pronto Alex me hace una señal de detenernos, ha visto algo. Nos acercamos lentamente a la esquina de la calle y vemos a un infectado en el medio de la carretera, gimiendo.

-Parece que está solo.-Dijo Alberto.

-He visto como se movían, puede ser una trampa, un cebo.

-¿No jodas?, ¿Qué hacemos?.

-Cúbreme voy a acercarme a él.

-No, iré yo, tú sabes disparar mejor que yo, yo podría darte a ti o no ser lo suficientemente rápido.

-¿Estás seguro Berto?.

-Si, déjame a mí.

Le respondo mientras me pongo en marcha. Saco mi cuchillo de la SS de la funda y lo empuño en el rifle Kar98. Miro hacia todos los lados y no veo nada, no distingo más infectados, puede que no sea una trampa, el corazón me late cada vez más fuerte, puedo escuchar los latidos en mis oídos. El infectado está sin ropa, se la ha debido quitar, ¿tendría calor?, esa última pregunta en mi cabeza hace que suelte una risa nerviosa incontrolable. Está todo cubierto de pelo negro, largo, su cara también tiene pelo, sus dientes están rojizos por sangre. Al llegar hasta él contemplo que se lo han estado comiendo, le falta todo el costado derecho, tiene una pierna rota y los brazos también comidos, en el suelo hay un charco de sangre congelada, sus heridas están congelándose por el frío. ¿Cómo puede seguir vivo aún?, tengo que comprobar si está vivo o muerto. Le piso la cabeza con la bota para que no la mueva y con la mano derecha compruebo el pulso en su cuello. Del cual desprende un calor bastante agradable. Para mi sorpresa, el infectado está vivo, no es un zombie ni nada por el estilo, tuvo que ser ese virus que lo ha mutado. ¿Sería antes de morirse o después de morirse?. Decenas de preguntas llegan hasta mi cabeza, haciendo que el pánico y la posible trampa pasarán al olvido. Vuelvo a mirar a todos lados y le hago una señal a Alex, parece que estamos solos. Alex viene hacia mí y se queda mirando al infectado.

-¿Qué coño hacías tocándolo?.

-Está vivo, este tío está vivo...

-¿Qué coño les ha pasado?, ha cambiado completamente.

-No lo sé pero vayámonos de aquí.

-¿Qué hacemos con él?.

-Acabar con su sufrimiento, antes de ser esto, era uno como nosotros.

Alex y yo nos miramos y yo le hago un gesto de que sería yo quien acabará con él. Respiro hondo y empujo mi rifle hacia su cabeza. El cuchillo entro por su ojo derecho atravesando su cabeza como si fuera una sandía. El infectado dejo de moverse y de gemir para cederle el paso otra vez al silencio. Seguimos nuestro camino, bajamos por Tomás Alonso hacia Torrecedeira cuando empezamos a escuchar ruidos. Por el eco podrían ser en la calle Torrecedeira lo que nos jodería el asunto y nos complicaría la vida. Llegamos al parque de Torrecedeira, nos asomamos al muro y vemos hacia la calle.

-¿Dónde crees que pueden estar?.

-Diría que donde se oyen los gemidos. Dijo Alex mirando hacia el instituto Politécnico.

-No podemos entrar ahí, sería una encerrona.

-Tenemos que hacerlo.- Dijo Alex saltando a la acera.

Seguí a Alex no muy convencido de su idea. Entrar ahí puede ser una perdición, no sabemos cuantos hay, ni tampoco conocemos el instituto para tener alguna idea de alguna escapatoria. A Alex parece darle igual, llegamos a la puerta principal, Alex abre cuidadosamente la puerta y echa un vistazo hacia dentro.

-Mierda, ¡¡¡Corre!!!.

Dijo Alex mientras cerraba la puerta y se daba la vuelta, salte las escaleras sin pensar en caerme y corrí como un caballo desbocado, giramos hacia la derecha y vemos la cafetería que hace esquina. Tiene la puerta abierta, sin saber muy bien porqué le hago una señal a Alex y nos metemos dentro, Saltamos detrás de la barra y nos agachamos.

-¿Qué coño viste ahí dentro?.

-Era un nido, o una comuna o como le quieras llamar, había más de los que pude contar, uno me vio comenzó a chillar y vino corriendo hacia nosotros.

-Pues estamos jodidos. ¿Esto tiene el seguro quitado?.

-Sí, no dudes ni un segundo, si entran dispara sin pensarlo, que no entre ni uno.

-Eso puede atraer a más bichos.

-Pues reza a lo que quieras para que pasen de largo o no sepan abrir la puerta.

-¿Chicos?...-Dijo una voz conocida casi susurrando.

-¡Carlos, Alicia!.-Dijo Alberto.

Los hemos encontrado, sin darnos cuenta estábamos juntos detrás de la barra del bar. Ellos estaban pegados a la esquina, agachados y abrazados. Alicia estaba llorando y los dos tiritando muertos de frío.

-Shhh, más bajo, no hagáis ruido. Mandó callar Alex.

-¿Dónde está Javi?.-Dijo Alberto.

-Está muerto, lo han despedazado entre cinco bichos de esos. Han tirado cada uno de una extremidad mordiéndole, no pudimos hacer nada.-Dijo Carlos con la voz temblorosa y llorando por la pérdida.

-¡Tenéis que reponeros ya!, ¡coged nuestras luger y ayudarnos por si entran aquí!.-Dijo Alex.

Los gemidos cada vez sonaban más cercanos, consiguieron salir del instituto. Es cuestión de tiempo que vengan a por nosotros.

-Voy a echar un ojo, estaros atentos.- Dijo Alex, saltando la barra y echando una carrerita hacia la puerta.-Veo a: un, dos, tres, cuatro,... diez. Son diez. Están juntos. Alberto ven aquí.

Salto la barra y me acerco a Alex.

-Coge una granada, lanzaremos una cada uno. ¿Los ves?.

-Si.

-Están en el medio de la calle, lanzaremos las granadas a los extremos encima de ellos, seguidamente con los MP44 haremos un par de ráfagas hasta matarlos.

-Vale, ¿cómo se lanzan estas granadas alemanas?.

-Tienes que desenroscar la parte de abajo, te sale este peso cerámico, tiras de él y tienes cuatro o cinco segundos para que explote. Lo que haremos será contar hasta dos y lanzar, vamos.

Parece fácil, desenroscar, tirar, contar y lanzar. Dos segundos que parecen eternos. Los infectados nos han visto y vienen hacia aquí. Lanzamos y nos metemos dentro de la cafetería, nos arrodillamos y apuntamos a la puerta. Tras unos segundos después de la explosión, llegan a la puerta. El festín de disparos comienza, los infectados van cayendo, tiro tras tiro. El último que llegó Tenía el pelo blanco. Después de casi vaciar nuestros cargadores, llega el silencio otra vez. Salimos fuera y comprobamos que hemos matado a unos cuantos, diecisiete infectados.

-Tenemos que largarnos, vendrán más por el ruido.-Dijo Alex.

-Yo no voy con vosotros, antes tengo que hacer una cosa.-Dijo Alberto mientras recargaba el arma.

-¿Estás de coña?, vamos contigo.

-No, debes poner a Carlos y Alicia a salvo en el bunker, esto lo haré solo. Si tardo más de dos días en volver, darme por muerto. No dejes que Janet venga a por mí y tu tampoco vengas, ni nadie. Es algo que debo hacer solo.

-¿Vas a tu casa verdad?.

-Si Alex, debo ir. Está aquí cerca, puedo hacerlo. Confía en mí.

-Está bien, ve con cuidado tío, me los llevo al bunker.

Alex me da un abrazo y sin oponerse más a mi decisión, se marcha con Carlos y Alicia. Es lo mejor, así haré menos ruido. Camino hasta el final de la calle Torrecedeira y subo un tramo de la calle Coruña hasta la calle de los juzgados. Iré por detrás de la Avenida Castelao, así evitaré ver a los infectados de Plaza América y los que pueda haber por la avenida. Caminando rápido y sin pausa, con el corazón a mil por hora consigo llegar a mi edificio. Por suerte para mí no me he encontrado con nada hasta aquí. Entro en el edificio y voy hasta el ascensor, le doy al botón y se enciende, perfecto, el generador funciona. Me meto dentro y subo. Al llegar arriba escucho silencio. Entro en mi casa de una patada temiéndome lo peor. La puerta se abre de un crujido, entro y miro hacia el salón, cocina y el pasillo, no hay nadie por aquí. Reviso las habitaciones y tampoco hay nadie... ¿Dónde están?, ¿Por qué no están en casa?, ¿Se habrán convertido?. Otra vez mi cabeza se vuelve a ocupar por montones de preguntas sin respuesta. La desesperación me puede, me caigo de rodillas al suelo, ¿Por qué tiene que pasar todo esto?. Con lo bien que estábamos hace un año y ahora ni siquiera sé donde está mi familia ni si seguirán vivos. Voy al salón y miro por la ventana, silencio, absolutamente todo en silencio. Debo marcharme, aquí ya no hay nada que ver. El frío esta paralizándome al estar quieto, cada vez me cuesta mas moverme, debo largarme de aquí. Vuelvo al ascensor y por alguna extraña razón, esta vez no funciona, me tocará bajar por las escaleras. Doce pisos por las escaleras y a oscuras, con solo la luz de una linterna. Empiezo a bajar las escaleras y esa horrible sensación de que alguien va detrás tuya comienza a ponerme nervioso, acelero el paso y cada vez siento más esa sensación. Miro hacia atrás y no hay nada, oscuridad, calma, silencio, nada. Continuo bajando, tengo que llegar cuanto antes. Sensación de claustrofobia comienza a invadir mi cuerpo y mi mente, necesito salir ya, tengo que correr más. Mi respiración se agita, mi corazón no encuentra freno pero mis pies consiguen dar el último escalón. Mierda, fuera hay un infectado, bajo el arma y tapo la luz con la mano pero ya es tarde, me ha visto y se echa a correr hacia mi. Apunto con mi rifle que aun tiene el cuchillo de la SS calado y atravieso su cabeza. El infectado cae desplomado. Salgo del edificio, miro hacia los lados, no hay nadie. Me echo a correr, quiero llegar al bunker ya. Cuando llego al Alcampo veo que en la entrada hay varios infectados, no puedo arriesgarme iré por la plazoleta y seguiré mi camino. Consigo escaparme sin que me vean, sigo corriendo y por fin llego a Plaza América, hay varios infectados y muchos otros vienen por calle Coruña. Hay poca luz, si apago la linterna quizás no me vean, si me muevo despacio. Cruzo la carretera y consigo mi propósito, llego a Camelias y sigo corriendo, el corazón parece que se quiere escapar de mi pecho, el cansancio va cargándose cada vez más en mis piernas, el vapor que sale de mi boca se congela en la braga del cuello, el chaquetón y la ropa cada vez están más congelados y fríos, me cuesta dar pasos. A duras penas llego al cruce de la calle Romil, no puedo más mis piernas me fallan, si ahora me viera un infectado sería mi fin, aunque no puedo más, el frío acabará conmigo. Me tiembla todo el cuerpo, me cuesta pensar, me estoy congelando, no voy a llegar no puedo, siento como mis piernas me fallan y me caigo al suelo. Justo cuando iba a chocar mi cara contra el suelo una mano frena el golpe. Alzo la mirada y veo los ojos de Janet, chica cabezona y testaruda, ha venido a por mí.

-Como te vuelvas a ir tú solo por ahí te pienso dar una paliza que preferirás estar con los infectados esos.

-Grrr...ggrrr.. aaa..aa...ciass...-Consiguió decir Alberto a duras penas.


 -Siento como, Alex me agarra de un brazo y Janet de otro, han venido los dos a por mí. Me llevan a toda velocidad hacia el bunker, mis pies casi arrastran contra el suelo pero no puedo sentirlos, lo mismo que mis manos, no las siento. Tras un pequeño periodo de tiempo llegamos al bunker, casi no puedo respirar, los temblores cortan mi respiración. Me llevan a la sala central en donde han hecho una pequeña hoguera con madera del ayuntamiento. Me quitan la ropa mojada y me echan una manta por encima, el calor del fuego hace el resto. Calentar mi cuerpo hasta una temperatura óptima. Con esa sensación cálida caribeña me quedo dormido.
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La llama de hielo, capítulo 1x07 "Soledad" por Alberto Leiva Pallares se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.