Lista

"Elegir contenido para leer"

jueves, 1 de mayo de 2014

“Actos inexplicables en sucesos imprevisibles”

Actos inexplicables en sucesos imprevisibles”


Sentado mirando al mar desde esta isla llamada Sicilia, tomándome un capuccino en un bar bastante acogedor. El calor suave del atardecer hace que en mi cara se refleje una sonrisa leve pero agradable, la paz y la tranquilidad cogidas de la mano disfrutando de uno de esos momentos que son mágicos aunque parezcan pequeños o insignificantes. Esa es la gran lección de la vida, da igual lo que hagas o lo que quieras lo único que te hará sentir en paz y en tranquilidad con uno mismo y con el universo siempre serán las pequeñas cosas, esas que parecen no existir de lo fáciles que es obtenerlas.

La vida quiso que estuviera aquí en este momento, sonriendo, pensando, disfrutando del momento. A mi lado hay una chica realmente guapa, su aspecto es el de la clásica chica italiana, su mirada permanece oculta tras unas gafas de sol grandes y oscuras. Me sonríe antes de tomarse otro trago de su coca cola recién servida, quizás por cortesía o quizás por acto reflejo. Yo sonrío y bebo de este delicioso capuccino.

Decidido a hablar con ella, giro mi cabeza en su dirección y me sorprendo con la visión del momento, un tipo enorme vestido de traje y con gafas oscuras está hablando con ella, era de esperar... Será su novio, marido, pareja, lío de una noche, o cualquier otra cosa. La cara de ella está completamente pálida como si se hubiera convertido en un cadáver en apenas dos segundos, su sonrisa ha desaparecido, su cuerpo comienza a temblar. Intrigado y a punto de decidirme a intervenir me quedo mirando con detenimiento la situación. Están a penas dos metros de mí, me levanto decidido a decir algo cuando veo que el chico lleva su mano derecha a la parte trasera de su pantalón, de donde saca una pistola oculta por la chaqueta del traje. En décimas de segundo y sin saber por que, me lanzo hacia él impulsando todo mi cuerpo, consigo desestabilizarlo y tirarlo al suelo, lo que no podía suponer era que la pistola cayera al suelo apuntando a su cabeza y se disparara en el momento de tocar el suelo. Mi cara se convirtió en un baño de sangre y trozos de cabeza. Un chorro de sangre comenzó a salir por el orificio de bala como si fuera una fuente en mi dirección, poniéndome completamente perdido de sangre y otros restos. Al levantarme la chica ya no está y tampoco hay nadie más en el bar, solo dos coches de alta gama aparcados en la entrada con los cristales tintados. De los cuales comienzan a salir más tipos como el que yace muerto a mis pies.

Asustado cojo la pistola y me echo a correr hacia la puerta trasera del bar, al abrirla descubro ante mis ojos que es un cuadrado al aire libre con mesas y sillas, un muro de dos metros me separa de saltar a la calle. Rápidamente muevo una mesa hasta el muro, me subo encima y salto. Al caer al suelo una de mis rodillas se resiente generando un pequeño y breve dolor que desaparece casi en el momento. Me echo a correr como un loco calle abajo sin saber muy bien a donde ir. Al mirar hacia atrás veo a unos tipos de traje que también vienen a toda pastilla hacia mí. Limpiándome la cara con las mangas de mi camisa, intentando ver mejor ya que la sangre se me estaba metiendo en los ojos.

Callejeando, cambiando de sentido sin apenas pensar, escapando como un ratón de una jauría de gatos. Al mirar atrás observo que ya no hay nadie detrás mía. Camino hacia una fuente circular donde se están bañando unas cuantas palomas. Casi sin aliento, intentando recuperarme me tiro dentro de la fuente, por suerte para mí cubre hasta la cintura lo que hace que la sangre de mi cara se quede en el agua. Salgo completamente empapado, goteando y con un olor ciertamente vomitivo. Vuelvo a emprender mi huida, necesito ropa nueva y largarme de este lugar lo antes posible. Lo primero que me viene a la cabeza es ir al aeropuerto ya que es lo más cercano que tengo y la forma más rápida de escapar de aquí con vida. Me echo a correr, me queda media hora de camino. Callejeando de nuevo veo una tienda de ropa apunto de cerrar, entro cojo un pantalón y una camisa nuevas sin mirar apenas los colores ni la talla, corro hacia el probador donde me cambio de ropa. La chica de la tienda comienza a gritar, quizás alarmada por la sangre de mi antigua camisa, en cuestión de segundos salgo, le enseño la pistola y me marcho corriendo. En el momento de ver la pistola se quedó completamente callada, colgó el teléfono y lo rompió. Desconozco que pasa en esta isla pero me quiero largar ya de aquí. No sé en que me habré metido cargándome a ese tipo pero seguro que no me felicitará nadie por ello.

Al llegar al aeropuerto pido un billete de avión para el próximo en salir, la azafata me dice que tengo cinco minutos para subir o se irá sin mí. Dirección a Kenya, acepto, saco la tarjeta de mi cartera aun mojada por el baño en la fuente. Al introducirla en la máquina da error, la tarjeta no va... La chica me dice que no me preocupe que lo hará manualmente pero que antes le dirá al piloto que espere un momento al último pasajero. Tras un minuto con los nervios a flor de piel miro atrás y veo a los tipos de traje, ya están aquí y vienen a por mí. La chica me dice que ya está, que corra o perderé el vuelo. Corro lo más rápido que puedo y consigo entrar en el avión, tras de mi se cierra la puerta. Una de las azafatas del avión me dice que le acompañe a mi asiento. Al llegar contemplo algo que me hace sonreír de nuevo. La chica que estaba en el bar, la chica a la que salve de una muerte segura, estaba sentada a mi lado en el mismo avión. La chica sonríe y se quita las gafas, tras ellas unos ojos color miel se quedan fijos en mí.


 Me siento y le pregunto que hace ahí y por que pasó lo que pasó en el bar, me dice que mejor no quiera saber porqué está sentada en ese avión. Su intención es empezar una nueva vida en otra parte del planeta y que le alegra tener a alguien “conocido” con ella. También me dice que no me preocupe que en Kenya estaremos a salvo. Desconozco el por que otra vez pero vuelvo a tener esa maravillosa sensación de paz y tranquilidad otra vez, la azafata me trae un capuccino sin haberlo pedido lo cual me sorprende aun más. Mi nueva compañera me dice que me lo ha pedido ella, que sabía que si sobrevivía estaría en este avión dirección a Kenya. Miles de preguntas y dudas vienen a mi cabeza pero decido apagarlas con el primer sorbo del capuccino.

Licencia de Creative Commons
“Actos inexplicables en sucesos imprevisibles” by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

No hay comentarios:

Publicar un comentario